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¿Partido Comunista Alemán o partido nuevo? (III)[1]

 

 

29 de marzo de 1933

 

 

 

El abandono de la consigna de “reforma” del PC Alemán puede suscitar dudas en muchos compañeros. Veamos a priori algunas de las posibles objeciones:

a) Siempre hemos proclamado nuestra adhesión al partido oficial; ahora le volveremos la espalda; eso alejará a los comunistas de nosotros.

b) El partido es ilegal, sus organizaciones y núcleos están activos en todas partes: debemos apoyarlos.

c) Urbahns y los otros dirán que ellos tuvieron razón, y nosotros nos equivocábamos, cuando afirmaban que el PC Alemán había muerto.

d) Somos demasiado débiles como para emprender la construcción de un partido nuevo.

Todas estas objeciones son insostenibles. Partimos de la premisa de que la clave de la situación estaba en manos del PC Alemán. Eso era cierto. Sólo un viraje oportuno de éste podría haber salvado la situación. En tales circunstancias, enfrentar al partido y declarar de antemano su muerte hubiera significado proclamar a priori la inevitabilidad de la victoria del fascismo. No podíamos hacer tal cosa. Teníamos que agotar todas las posibilidades de ese momento.

Ahora la situación cambió radicalmente. La victoria del fascismo es un hecho, como también lo es el derrumbe del PC Alemán. Ya no se trata de un pronóstico ni de una crítica teórica sino de un importante acontecimiento histórico que penetrará cada vez más profundamente en la conciencia de las masas, incluidas las comunistas. Debemos elaborar las perspectivas y estrategia generales en base a las consecuencias inevitables de estos hechos, sin guiarnos por consideraciones secundarias.

Es indudable que muchos elementos subjetivamente revolucionarios del viejo partido tratarán de salvarlo sin abandonar los antiguos principios. Podemos suponer que en un futuro próximo, vale decir, pasada la conmoción inicial, se intensificarán las actividades ilegales de los comunistas. No obstante, sin una revisión fundamental de todo el bagaje ideológico, sin la elaboración de nuevos métodos, sin una nueva selección de gente, etcétera, el conjunto de estas actividades carecerá de perspectivas. Los esfuerzos y sacrificios realizados sobre las antiguas bases no serán síntomas, de regeneración sino de los últimos estertores de la agonía. En condiciones de legalidad, la política del centrismo burocrático, basada en el engaño, el aparato y las finanzas, pudo aparentar una posición de fuerza. Una organización ilegal, necesita lo opuesto. Sólo puede mantenerse sobre la base de la máxima devoción de sus militantes, y ésta no se nutre sino de una política justa y de la honestidad ideológica de la dirección. Si faltan estas premisas, la organización ilegal está condenada a muerte (ejemplo: Italia).

Es inadmisible hacerse ilusiones sobre la perspectiva ilegal del aparato stalinista o mantener frente al mismo una actitud sentimental y no político-revolucionaria. Este aparato está corroído por los funcionarios a sueldo, los aventureros, los trepadores y los agentes fascistas del pasado y el presente. No deja lugar para los elementos honestos. El régimen de la dirección stalinista en el partido ilegal será todavía más despreciable y corrupto que en el legal. En tales circunstancias, el trabajo ilegal será un mero alarde, aunque heroico; el resultado no puede ser sino la disolución.

La Oposición de Izquierda sólo puede partir de la nueva situación histórica creada por el fascismo. Ante los virajes abruptos de la historia, no hay nada mas peligroso que aferrarse cómodamente a las viejas fórmulas rutinarias; ese camino conduce directamente a la decadencia.

Urbahns y Cía. dirán: siempre hemos proclamado que hay que construir un partido nuevo. Pero el llamado Partido Comunista Obrero[2] lo dijo mucho antes que Urbahns, cuando éste, al igual que aquél y en contra de nosotros, se dedicaba a socavar el partido. La base del sectarismo es, precisamente, medir los procesos históricos según la vara de su propio grupo. Para Urbahns el nuevo partido empieza en el momento de su ruptura con la burocracia. En cambio, el marxista mide a las organizaciones y grupos con la vara de los procesos históricos objetivos. En el curso de los últimos dos años escribimos más de una vez que nuestra posición respecto del partido no es dogmática y que los grandes acontecimientos que pueden provocar cambios radicales en la situación de la clase obrera podrían obligarnos a cambiar nuestra posición. Los acontecimientos que más utilizamos para ejemplificar esa situación fueron la eventualidad de la victoria del fascismo en Alemania y el derrumbe del poder soviético. Nada hay de subjetivo ni arbitrario en nuestro viraje. Lo dicta el propio curso de los acontecimientos, en el que las tácticas de la burocracia stalinista constituyeron el elemento decisivo.

“Somos demasiado débiles como para proclamar el nuevo partido.” Pero nadie propone hacerlo. Cómo y cuándo crear el partido nuevo dependerá de muchos factores objetivos, no solamente de nosotros. Pero será imprescindible darse una política correcta. En la misma medida en que nos hacemos ilusiones sobre la vitalidad del viejo partido obstaculizamos la creación del nuevo.

Además, no debe olvidarse ni un instante que el proceso de descomposición afectará no sólo al partido oficial sino también a la socialdemocracia, el SAP y todas las organizaciones, grupos y secciones que no puedan soportar la prueba de la catástrofe histórica. En tales circunstancias, hay que crear un polo independiente para la cristalización de todos los elementos revolucionarios, sea cual fuere su pasado partidista.

Quizá nos respondan: la lógica de esta posición nos llevará a romper con la Comintern. Puede ser, para la lógica formal. Sin embargo, los procesos históricos no se desarrollan formal sino dialécticamente. No abandonamos nuestros esfuerzos de salvar al poder soviético de la ruina a la que lo conducen los stalinistas. No podemos saber de antemano cuál será la reacción de las demás secciones de la Comintern ante el triunfo del fascismo. Los acontecimientos -con nuestra ayuda activa- lo probaran.

El problema de la ruptura abierta con la burocracia stalinista en Alemania adquiere actualmente una inmensa importancia desde el punto de vista de los principios. La vanguardia revolucionaria no les perdonará a los stalinistas el crimen histórico que cometieron. Si fomentamos la ilusión de la vitalidad del partido de Thaelmann-Neumann apareceremos ante las masas como los verdaderos defensores de su bancarrota. Eso significaría que nosotros mismos nos encaminamos hacia el centrismo y la putrefacción.



[1] ¿Partido Comunista Alemán o partido nuevo? (III) Boletín interno de la Liga Comunista de Norteamérica, Nª 12, 19 de abril de 1933. Firmado “G. Gourov”.

[2] El Partido Comunista Obrero Alemán (KAPD): fundado en 1920, tras su expulsión del PC Alemán en 1919. Era un grupo ultraizquierdista con tendencias anarco-sindicalistas, que se oponía al trabajo parlamentario y sindical. Posteriormente se lo reconoció como partido simpatizante de la Comintern, con voto consultivo. En pocos años perdió a sus mejores elementos y a la mayoría de sus militantes y se convirtió en una secta antisoviética y anticomunista.



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