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Observaciones al pasar[1]

 

 

8 de diciembre de 1935

 

 

 

Estimado amigo W:

 

Con gran alegría recibí sus señales de vida después de un silencio tan prolongado. El hecho de que usted siga con la frente en alto y dispuesto a luchar después de todos los golpes y pruebas difíciles que debió sopor­tar no me sorprende, pero no obstante, me alegra mucho saberlo en estos tiempos en que tantos se desmoralizan, se adaptan al reformismo, o se hacen a un lado escudados detrás de toda una gama de críticas superizquierdistas.

De los camaradas del PC o de la fracción zinovie­vista que se inclinan hacia nosotros, muchos son indi­viduos con talento político, aunque algunos desgracia­damente no encuentran el camino recto y las palabras adecuadas con tanta facilidad. Tocamos este tema, al menos en parte, en el artículo "Sobre aquellos que no controlan sus nervios", publicado en el último número de Unser Wort. Gracias a la guerra y a la Revolución de Octubre, la dirección comunista europea (incluidos los zinovievistas) se vio "arrojada" hacia las masas. Luego se volvieron indolentes y se acostumbraron a "dirigir" a las masas mediante frases cortas y pegadizas. Pensa­ban que su poder residía en sí mismos y en sus frases. En realidad, su poder derivaba de la confianza que las masas soliviantadas depositaban en la Revolución de Octubre y en la Comintern, a pesar de sus fórmulas fal­sas. De ahí que muchos elementos de este sector se parezcan al joven pródigo que, habiendo despilfarrado su herencia, busca la fórmula mágica que le permita volver a llenar sus bolsillos. El trabajo preparatorio y pedagógico del pionero revolucionario no les atrae. En cambio, pasan sus vidas a la pesca, no sólo de nues­tros errores (que naturalmente son muchos), sino tam­bién de el error en virtud del cual las masas no acuden a ellos de conjunto. Por los libros de historia saben que el bolchevismo pasó por períodos de ascenso y también de reflujo (1906-12, 1914-17), pero jamás comprendie­ron el significado político de este hecho. De ahí sus va­cilaciones constantes, su propensión a atribuir la misma importancia a las cuestiones secundarias y a las esen­ciales de nuestro programa y a prestar oídos al chismo­rreo filisteo del SAP; en verdad, no sólo al chismorreo, sino también a sus críticas verdaderamente oportunis­tas.

El ejemplo más reciente: Erde, el supuesto respon­sable de la ayuda internacional a los partidos interna­cionalistas, se distanció del SI con base en considera­ciones secundarias, aunque en la práctica eran impor­tantes. Mi impresión es que el SI no manejó el asunto en forma correcta. Sin embargo (mejor dicho, por eso mismo) consideré que su actitud de romper con el SI fue completamente errónea y en ese sentido le escribí una carta. Su respuesta me llegó hace pocos días. Erde plantea una serie de críticas a los bolcheviques-leninistas, mezclando lo importante con lo secundario y sin formular una perspectiva general. Por otra parte, en todo el documento campea un tono hostil, no dirigido hacia mí, sino hacia nuestra organización internacional y algunos camaradas. En la carta encuentro dos pasajes reveladores, uno respecto de las sanciones y el otro respecto del SAP.

 

Erde dice: "Dado que la clase obrera no hace nada, no puede hacer nada, y en su mayor parte no desea hacer nada, las medidas tomadas por la burguesía deben servir como base para una campaña. Cualquier posición negativa ayuda al fascismo."

 

Con este fundamento Erde rechaza la posición de nuestros camaradas italianos respecto de las sanciones. ¿Cuál es la posición del camarada Erde hacia los stali­nistas y reformistas? Lo que el proletariado debe hacer, dada su debilidad actual, es... buscar apoyo en la bur­guesía. En realidad el proletariado es débil porque le permite a la burguesía hacer lo que quiere. Si esta pa­sividad respecto del propio gobierno imperialista se eleva a nivel de principio, no sólo no fortalece al prole­tariado, sino que compromete el futuro de su vanguardia.

 

Más abajo Erde agrega: "¿Cómo es posible que la sección holandesa tomara esa decisión estúpida de romper todo vínculo con los exiliados que son miembros del SAP? Estos camaradas del SAP son nuestros me­jores amigos".

 

En mi opinión, la decisión de los holandeses no es estúpida, sino acertada. También el partido norteame­ricano resolvió, hace poco, romper todos los vínculos fraternales con el SAP y el IAG. En la actualidad, el SAP no es sino la agencia de los errores y ambigüedades de las direcciones y ex direcciones de las viejas organizaciones para el ataque solapado, calumnioso y filisteo a la Cuarta Internacional.

 

Si Erde mantiene esas posiciones con respecto a ambas cuestiones -que, por otra parte, están estrechamente relacionadas (las sanciones y el SAP, es decir, el oportunismo de derecha)-, ¿qué sentido tiene perder el tiempo en discusiones acerca de los errores prácticos del SI y de los errores reales o imaginarios de Unser Wort? Nos ubicamos en distintos lados de la barricada.

 

No conozco la posición del camarada Harte res­pecto de las sanciones y de "nuestros mejores amigos", aunque al principio marchaba con Erde. Difícilmente coincida ahora con él. Pero sus cartas me per­miten deducir que él también está entre los impacien­tes, quienes hasta ayer "dirigían" a las masas y que todavía no se han librado de este hábito que no tiene cabida en nuestras filas. No sólo porque no tenemos grandes masas para "dirigir", sino también porque la "pequeña masa" que agrupamos a nuestro alrededor con éxito creciente no desea ser "dirigida" después de haber pasado por la experiencia de Zinoviev-Stalin. No cabe duda de que nuestros camaradas jóvenes necesitan buenos consejos. Por eso siempre he insis­tido de manera muy especial en la necesidad de ganar a los mejores elementos de la vieja generación. Pero ahora algunos quieren remplazar la educación a largo plazo con el látigo del capataz. Esto no sirve. Hasta los más jóvenes tienen sentido de independencia, ad­quirido con gran sacrificio. Esta sensación les permite resistir a las viejas organizaciones con sus frentes únicos, frentes populares y demás gestos grandilocuen­tes que tanto impresionan a los filisteos.

Usted dice que un camarada cree que yo ya llegué a la conclusión de que la contrarrevolución ha triunfado por completo en la Unión Soviética, pero me parece inoportuno decirlo públicamente. Independientemente de las intenciones, no puedo concebir un insulto mayor. Decir la verdad siempre ha sido nuestro principio car­dinal; insinuar que yo tengo dos opiniones, una para mí (y para mis amigos más íntimos) y otra para el mundo exterior, es propasarse.

Respecto de la analogía histórica del termidor, hace poco tiempo hice una autocrítica pública[2]. No era más que una analogía, que siempre resulta unilate­ral e incompleta. Realmente no puedo agregar nada a lo que dije anteriormente con respecto a la esencia del problema. En cuanto a la Unión Soviética y la guerra, el camarada Braun le expresará cual es mi posición reducida a su mínima expresión. ¿Podemos colaborar con camaradas que no coinciden con nosotros en este problema esencial? No se puede responder con un simple sí o no. El grupo francés de Treint sostiene que está de acuerdo con nosotros en todo, menos en lo del carácter social de la Unión Soviética, razón por la cual no firmara la Carta Abierta. Sin embargo, si algún indi­viduo o grupo ingresa a la Cuarta Internacional mante­niendo sus diferencias en lo referente a la Unión So­viética, significa que se sienten muy seguros de sí mismos, o bien que subestiman la importancia de la cuestión. En ambos casos sería un error cerrarles las puertas a esos camaradas. Debemos aceptarlos para seguir discutiendo con ellos con base en los aconteci­mientos. No creo que se pueda responder con mayor precisión.

En relación con el frente único, creo que es difícil plantear el problema con claridad, debido a la tenden­cia a confundir muchísimo los términos del mismo. El concepto de "frente único" está estrechamente li­gado al conocido dicho: marchad separados, pero golpead juntos. El frente único es necesario si hemos de golpear juntos. Por consiguiente, no se trata de una institución permanente, sino de un plan de batalla cir­cunstancial. En épocas de "quietud", el frente único sería la excepción. En un período revolucionario, el frente único puede extenderse e incluso asumir formas organizativas (por ejemplo, la forma de soviets revolu­cionarios). Sea como fuere, en todos los casos se trata de estrechar filas para golpear; la premisa para ello es la existencia de organizaciones de masas.

Tomemos como ejemplo el fenecido "frente único" del ILP y del PC británico. Era una alianza permanen­te entre grupos de propaganda. Esto no es un frente único, sino el reconocimiento franco de que uno de los grupos (o quizás ambos) no tienen derecho a la exis­tencia política independiente. Marchan juntos antes de haber reunido las fuerzas necesarias para golpear. Quien tenga algo que decirle a la clase obrera, debe marchar solo.

No sé si estas observaciones hechas al pasar son pertinentes para la discusión que usted menciona, y si sirven para aclararla. Usted puede juzgarlo mejor que yo. En todo caso, debemos ser pacientes con los grupos que se nos acercan, aunque lo hagan con injustificados aires de superioridad. No debemos ceder un ápice res­pecto de los principios, pero no debemos practicar la política de prestigio. No debemos permitir que nos guíen los malos recuerdos, ni perder la cabeza. Creo que ésta debería ser la norma. Con la gente del SAP fuimos sumamente pacientes durante varios años. Si en este caso el reservarnos nuestras opiniones no sirvió más que para escarmiento, es culpa de ellos. Puesto que somos los más fuertes, debemos mostrar buena vo­luntad con todos los grupos o individuos. Nos respalda nuestra tradición y no tenemos dudas acerca del futuro.

Cuide bien su salud, querido amigo, y no permita que los infortunios de la vida lo desmoralicen.

 

L. Trotsky



[1] Observaciones al pasar: Informations Diens, N° 10, febrero de 1936. Traducido del alemán [al inglés] para esta obra por Russell Block El "W" a quien la carta está dirigida podría haber sido Wolf Weiss, alemán exiliado en Checoslovaquia, quien posteriormente escribió un libro sobre el juicio de Moscú.

[2] Se refiere al artículo "El estado obrero, termidor y bonapartismo", incluido en Escritos 34-35 [Tomo VI, volumen 1 de la edición de Pluma].



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