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Medios y fines

Sobre “Su moral y la nuestra”

por John Dewey

 

The New International, Volumen IV, Número 8 Agosto de 1938. Todas las cursivas en el original. Traducido especialmente para este boletín electrónico por Darío Martini del texto publicado en www.marxists.org.

 

La relación entre medios y fines ha sido durante mucho tiempo una cuestión destacada en la discusión sobre la moral. También ha sido un tema candente en la teoría política y la práctica. Últimamente, el debate se ha centrado sobre la evolución posterior del marxismo en la URSS. El curso de los estalinistas ha sido defendido por muchos de sus adherentes en otros países con el argumento de que las purgas y los procesos judiciales, incluidas todas las falsificaciones, fueron necesarios para mantener el supuesto régimen socialista de ese país. Otros hicieron uso de las medidas de la burocracia estalinista para condenar la política marxista, sobre la base de que esta última conduce a excesos como los que se produjeron en la URSS, precisamente porque el marxismo sostiene que el fin justifica los medios. Algunos de estos críticos han sostenido que, ya que Trotsky también es un marxista y que está comprometido con la misma política, en consecuencia, si hubiera estado en el poder también se habría visto obligado a utilizar cualquier medio que le pareciera necesario para alcanzar los fines para conseguir la dictadura del proletariado.
La discusión tuvo, al menos, un resultado teórico útil.  Por primera vez, hasta donde yo sé, surgió una discusión explícita por parte de un marxista coherente, sobre la relación entre los medios y los fines en la acción social. Me propongo examinar esta cuestión a la luz de la discusión de Trotsky sobre la interdependencia entre los medios y los fines.  La primera parte de su ensayo no la voy a discutir, aunque puedo decir que, sobre la base del argumento tu quoque (propuesto por el título), Trotsky no tuvo gran dificultad en demostrar que algunos de sus críticos actuaron de la misma manera que le atribuyeron a él. Dado que Trotsky señala también que la única posición alternativa a la idea de que el fin justifica los medios es una forma de ética absolutista basada en los supuestos dictados de la conciencia, de tipo moralista, o con argumentaciones sobre verdades eternas, quiero decir que escribo desde un punto de vista que rechaza todas estas doctrinas tan categóricamente como el propio Trotsky, y que sostengo que los fines, en el sentido de las consecuencias, constituyen la única base para las ideas morales y la acción, y por lo tanto proporcionan la única justificación que se puede encontrar para los medios que se empleen.
El punto que me propongo tener en cuenta es el que Trotsky aborda hacia el final del debate, en la sección titulada Interdependencia dialéctica del fin y de los medios. La siguiente declaración es fundmental: “El medio sólo puede justificarse por el fin. Pero este, a su vez, debe ser justificado. Desde el punto de vista del marxismo, que expresa los intereses históricos del proletariado, el fin está justificado si conduce al acrecentamiento del poder del hombre sobre la naturaleza y la abolición del poder del hombre sobre el hombre”.[1] ... Este aumento del poder del hombre sobre la naturaleza, que acompaña a la abolición del poder del hombre sobre el hombre, parece, en consecuencia, ser el fin; es decir, un fin que no necesita ser justificado, pero que es la justificación de los fines que  son, a su vez, medios para ello. También se puede agregar que, más allá de los marxistas, se podría aceptar esta formulación sobre el fin y sostenerlo para poder expresar el interés moral de la sociedad -si no el interés histórico- y no sólo y exclusivamente el del proletariado.
Pero a los efectos de mi exposición, es importante señalar que la palabra “fin” se utiliza para designar dos cosas; el fin final justificador y los fines -que son en sí mismos, medios para este fin final.
 Porque se afirma, sin tantos rodeos, que algunos fines no son más que medios, esa proposición sin duda está implícita en la afirmación de que algunos fines, “conducen a aumentar el poder del hombre sobre la naturaleza, etc.”. Trotsky continúa explicando que el principio de que el fin justifica los medios no significa que todos los medios estén permitidos; “están permitidos -responderemos- todos lo que conducen realmente a la liberación de la humanidad”.
De allí que adherir a este último principio y seguirlo consecuentemente sería coherente con el principio racional de interdependencia de los medios y los fines.
 Estar de acuerdo con él, llevaría a un examen escrupuloso de los medios que se utilizan para determinar cuáles serán sus consecuencias objetivas reales, en la medida de lo que es humanamente posible señalar -para mostrar lo que “realmente” hacen, conducir a la liberación de la humanidad. En este punto, el doble significado del fin se vuelve importante. Mientras  las consecuencias deseadas realmente se alcancen, está claro que se es dependiente de los medios utilizados, mientras que evaluar la calidad de los medios depende de los fines, en el sentido de que los medios tienen que ser observados y juzgados en el terreno de sus resultados objetivos actuales. Sobre esta base, el fin visualizado (end-in-view) representa o es una idea de las consecuencias finales, en caso de que la idea sea formada sobre el terreno de los medios que se juzgan y consideran más probables para producir el fin. El fin visualizado es, en sí mismo, un medio para dirigir la acción -al igual que la idea de un hombre de poder gozar de buena salud o de construirse una casa no es idéntica con el fin en el sentido del resultado real, sino que es un medio para dirigir la acción para lograr ese fin.
Ahora bien, lo que le dio un mal nombre a la máxima de que el fin justifica los medios (y que a su vez reformula la práctica), es que ese fin visualizado, el fin declarado y contemplado (acaso con profunda sinceridad) justifica el uso de ciertos medios, y por lo tanto, justifica a los mismos en que no se hace necesario examinar cuáles serán las verdaderas consecuencias de la utilización de los medios elegidos. Una persona podrá sostener, con toda sinceridad, que ciertos medios “realmente” llevarán a un fin declarado y deseado. Pero la verdadera cuestión no es un punto de vista personal, sino que se sostiene en una razón objetiva sobre la que se apoya, es decir, las consecuencias que de hecho serán producidas por ellas mismas. Así que cuando Trotsky dice que “el materialismo dialéctico no conoce el dualismo entre los medios y los fines”, la interpretación natural es que él recomienda el uso de los medios que, por su propia naturaleza, pueden conducir a la liberación de la humanidad como una consecuencia objetiva.
En consecuencia, uno esperaría que, con la idea de la liberación de la humanidad como el fin visualizado, se examinarían todos los medios que pueden ser utilizados para alcanzar ese fin, sin ningún tipo de preconcepto inmóvil sobre lo que deberían ser, y que todos los medios sugeridos serán sopesados y juzgados en el terreno explícito de las consecuencias que puedan producir.
Pero este no es el curso adoptado en el debate por Trotsky. Cito: “La moral emancipadora del proletariado posee -indispensablemente- un carácter revolucionario (…) deduce las reglas de la conducta de las leyes del desarrollo de la humanidad, y por consiguiente, ante todo, de la lucha de clases, ley de leyes”[2] (las cursivas son mías).  Como para no dejar dudas sobre su significado, dice que: “El fin se deduce naturalmente del movimiento histórico mismo”[3]; el de la lucha de clases. El principio de la interdependencia de los medios y los fines ha desaparecido, o al menos, ha sido subsumido, ya que la elección de los medios no se decide sobre el terreno de un examen independiente de las medidas y políticas con respecto a sus consecuencias objetivas reales. Por el contrario, los medios son “deducidos” de una fuente independiente, una supuesta ley de la historia que es la ley de todas las leyes del desarrollo social.
Tampoco cambia la lógica del caso si sacamos la palabra “supuesta”. Porque aun así, se deduce que los medios que se utilizarán no derivan de la consideración del fin; la liberación de la humanidad, sino de otra fuente externa. El fin declarado -el fin visualizado- la liberación de la humanidad, está, pues, subordinado a la lucha de clases como el medio que se quiere alcanzar. En lugar de la interdependencia de los medios y los fines, el fin depende de los medios, pero los medios no se derivan del fin. Dado que la lucha de clases es considerada como el único medio por el que se alcanzará el fin, y desde el punto de vista de que es el único medio al que se llega deductivamente y no por un examen inductivo de los medios-consecuencias en su interdependencia, los medios, la lucha de clases, no tiene por qué ser analizada críticamente con respecto a sus consecuencias objetivas reales. La lucha de clases está automáticamente eximida de toda necesidad de un examen crítico. Si no volvemos a la posición de que el fin visualizado (a diferencia de las consecuencias objetivas) justifica el uso de cualquier medio alineado con la lucha de clases y que justifica el abandono de todos los demás medios, no llego a entender la lógica de la posición de Trotsky.
La posición que he señalado como la de la auténtica interdependencia de medios y fines, no descarta automáticamente la lucha de clases como un medio para alcanzar el fin. Pero excluye el método deductivo para llegar a ella como un medio, por no decir que sea el único medio. La selección de la lucha de clases como un medio tiene que estar justificada en base a la interdependencia de los medios y fines, por un examen de las consecuencias reales de su uso, no por deducción. Las consideraciones históricas son ciertamente relevantes para este examen. Pero la suposición de una ley fija de desarrollo social no es relevante. Es como si un biólogo o un médico fueran a afirmar que cierta ley de la biología que él acepta está relacionada con el fin de la salud, que los medios de llegar a la salud -el único medio- se pueden deducir de ella, por lo que no se necesita un examen más detenido de los fenómenos biológicos. 
Todo está basado en prejuicios.
Una cosa es decir que la lucha de clases es un medio para alcanzar el fin de la liberación de la humanidad. Es algo radicalmente distinto afirmar que hay una ley absoluta de la lucha de clases que determina los medios a utilizar. Porque, si determina los medios, también determina el fin; la consecuencia real, y bajo el principio de la auténtica interdependencia de los medios y el fin, es arbitrario y subjetivo decir que la consecuencia será la liberación de la humanidad. La liberación de la humanidad es el fin al cual aspirar. Bajo cualquier legítimo significado de “moral”, es un fin moral. Ninguna ley científica puede determinar un fin moral salvo que sea abandonando el principio de interdependencia de los medios y los fines. Un marxista puede sinceramente creer que la lucha de clases es la ley de desarrollo social. Pero aparte de que la creencia cierra las puertas a un examen más detenido de la historia (como afirmar que las leyes de Newton son las leyes finales de la física, y por lo tanto, oponerse a buscar más leyes físicas) no se desprende, incluso si fuera la ley científica de la historia, que es el medio para la meta moral de la liberación de la humanidad. Que este tipo de medio tiene que demostrarse no por “deducción” de una ley, sino por el examen de la relación real entre los medios y las consecuencias, un examen en el cual, habida cuenta de la liberación de la humanidad como fin, es la búsqueda libre y sin prejuicios de los medios con los cuales se puede lograr.
Se puede agregar una consideración más sobre la lucha de clases como un medio. Hay probablemente varias, quizás muchas maneras diferentes por medio de las cuales se puede llevar adelante la lucha de clases. ¿Cómo se puede elegir entre opciones diferentes, si no es examinando sus consecuencias en relación con la meta final de la liberación de la humanidad? La creencia de que una ley de la historia determina la forma particular en que la lucha se llevará a cabo, parece tender hacia una devoción fanática y mística, incluso con el uso de ciertas formas de llevar a cabo la lucha de clases, se excluye toda otra forma de llevarla a cabo. No tengo ninguna intención de salirme de la discusión teórica sobre la interdependencia de los medios y fines, pero es concebible que el curso adoptado por la revolución en la URSS se vuelve más inexplicable cuando se observa que los medios se deducen de una supuesta ley científica en lugar de buscarlos y adoptarlos sobre la base de su relación con el fin moral de la liberación de la humanidad.
La única conclusión a la que puedo llegar es que, para evitar una especie de absolutismo, Trotsky se hundió en otro tipo de absolutismo.
 Parece que hay una curiosa enajenación entre los marxistas ortodoxos sobre la fidelidad hacia los ideales del socialismo y los métodos científicos (científicos en el sentido de basarse en las relaciones objetivas de los medios y las consecuencias) para lograr, con la lucha de clases, la ley del cambio histórico
Deducir los fines establecidos de los medios y las actitudes de esta ley como el punto de partida, hacen que todas las cuestiones morales, es decir, todas las cuestiones del fin final, no tengan sentido. Ser científico sobre los fines no significa interpretarlos de las leyes, tanto si esas leyes son naturales o sociales. El marxismo ortodoxo comparte con el fanatismo religioso ortodoxo y con el idealismo tradicional la creencia de que los fines humanos se entrelazan en la textura y en la estructura de la existencia; una concepción heredada probablemente de su origen hegeliano.



[1] Cita cotejada con la versión en castellano de Su moral y la nuestra publicada en: Trotsky, León. Escritos Filosóficos. CEIP León Trotsky. Bs.As. 2004. Pág. 109.

[2] Ídem. Pág. 109.

[3] Ídem. Pág. 110.

 



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