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La transformación de la moral

Leon Trotsky, October 1923.

El artículo que se publica a continuación, escrito en octubre de 1923, fue publicado por primera vez en inglés en Inprecorr, Vol. 3, No. 67. Fuente: The Fourth International, August 1945, Vol. 6 No. 8. Digitalizado: “Marxists Internet Archive”. Traducción inédita al español para este boletín por Alejandra Ríos.

 

 

La teoría comunista está una docena de años adelantada de nuestra actualidad rusa – en algunas esferas quizá esté incluso un siglo adelantada. Si no fuera así, el partido comunista no sería un gran poder revolucionario en la historia. La teoría comunista, mediante su realismo y agudeza dialéctica, encuentra los métodos políticos para asegurar la influencia del partido en cualquier situación dada. Pero la idea política es una cosa, y la concepción popular de la moral es otra. La política cambia rápidamente, pero la moral se aferra con tenacidad al pasado. 

Observar la vida tal como es

Esto explica mucho acerca de los conflictos entre la clase obrera, donde los nuevos conocimientos luchan contra la tradición. Estos conflictos son más difíciles porque no encuentran expresión y cobrar publicidad en la vida social. La literatura y los medios no hablan de ellos. Las nuevas tendencias literarias, ansiosas de mantener el ritmo de la revolución, no se preocupan por los usos y las costumbres basados en la concepción de la moral existente, ¡puesto que quieren transformar la vida, no describirla! Pero la nueva moral no puede crearse de la nada, debe llegarse a ella con la ayuda de los elementos ya existentes, pero capaz de desarrollarlos. Por lo tanto es necesario reconocer cuáles son esos elementos. Esto no sólo se aplica a la  transformación de la moral sino a cada una de las formas de la actividad humana consciente. Por lo tanto en primer lugar es necesario conocer qué es lo que ya existe, y de qué manera se está desarrollando su cambio su forma, si queremos cooperar en la recreación de la moral.

Primero debemos ver qué es lo que está sucediendo en la fábrica, entre los trabajadores, en las cooperativas, en los clubes, las escuelas, los bares y en la calle. Tenemos que entender todo esto, es decir, debemos reconocer los vestigios del pasado y los gérmenes del futuro. Debemos apelar a nuestros autores y periodistas a que trabajen en esta dirección. Deben describirnos la vida tal como emerge de la tempestad de la revolución. El estudio de la moral de la gente trabajadora debe volverse una de las principales tareas de los periodistas, al menos para aquellos que tienen sus ojos y oídos para ello. Nuestra prensa debe ver que lo que se escribe es la historia de la moral revolucionaria. Y la prensa debe también señalar a sus colaboradores entre la clase obrera sobre esto. La mayoría de nuestros periódicos podrían hacer mucho más en este respecto.

Para poder alcanzar tal alto estado de cultura, la clase trabajadora – y sobre todo su vanguardia – debe alterar su moral deliberadamente. Debe trabajar deliberadamente hacia este objetivo. La burguesía antes de llegar al poder, había realizado su tarea hasta cierto grado a través de sus intelectuales. Cuando la burguesía seguía siendo una clase en la oposición, había poetas, pintores y escritores que ya estaban pensando por ella.

¿Por qué fracasó la Ilustración burguesa?


En Francia en el siglo XVIII, que se ha llamado el siglo de la Ilustración, fue precisamente el período en el cual los filósofos burgueses estaban cambiando la concepción de la moral social y privada e intentaban por todos los medios de subordinar la moral al dominio de la razón. Los filósofos estaban ocupados con cuestiones políticas, la iglesia, las relaciones entre hombres y mujeres, la educación, etc. No hay duda de que el mero hecho de la discusión de estos problemas contribuyó enormemente a elevar el nivel intelectual y cultural entre la burguesía. Pero todos los esfuerzos hechos por los filósofos del siglo XVIII para la subordinación de las relaciones sociales y privadas al reino de la razón se hicieron trizas con un solo hecho – el hecho de que los medios de producción estaban en manos privadas, y estas eran las bases sobre las cuales la sociedad debía construirse de acuerdo a los principios de la razón. Para la propiedad privada significa el libre juego de las fuerzas económicas, las que no están en absoluto controladas por la razón. Estas condiciones económicas determinan la moral y mientras las necesidades del mercado de mercancías dominen la sociedad, es imposible subordinar la moral popular a la razón. Esto explica los escasos resultados prácticos que subyacen en las ideas de los filósofos del siglo XVIII, a pesar de lo ingenioso y audacia de sus conclusiones.

 

 “La joven Alemania”

En Alemania, el período de la ilustración y la crítica llegó a mediados del siglo pasado. “La joven Alemania”, bajo el liderazgo de Heine y Boerne, se ubicó a la cabeza del movimiento. Aquí vemos el trabajo de la crítica logrado por el ala izquierda de la burguesía, que le declaró la guerra al espíritu del servilismo, a la educación pequeña burguesa contraria a la ilustración, y a los prejuicios de la guerra, y que trataba de establecer el dominio de la razón con un escepticismo mayor que su predecesor francés. Este movimiento se amalgamó más tarde con la revolución pequeño-burguesa de 1848, la que, lejos de transformar toda la vida humana, no fue siquiera capaz de barrer con las pequeñas dinastías alemanas.
En nuestra atrasada Rusia, la ilustración, y la crítica del estado existente en la sociedad no alcanzaron ningún nivel de importancia hasta la segunda mitad del siglo XIX. Chernishevsky, Pissarev, y Dobrolubov, educados por la escuela de Bielinsky, dirigieron sus críticas más bien contra el carácter atrasado y reaccionario de la moral asiática que contra las condiciones económicas. Opusieron el nuevo ser humano realista al tipo de hombre tradicional, el nuevo ser humano que está decidido a vivir de acuerdo a la razón, y que se transforma en una personalidad provista con las armas del pensamiento crítico. Este movimiento, conectado con los llamados evolucionistas “populares” (Narodniki), tenía poca importancia cultural.  Pero si los pensadores franceses del siglo XVIII sólo fueron capaces de ganar una pequeña influencia sobre la moral – siendo estas dominadas por las condiciones económicas y no por la filosofía, y la influencia cultural inmediata de los críticos sociales alemanes era incluso menor, la influencia directa ejercida por el movimiento ruso en la moral popular fue bastante mucho más insignificante.  El rol histórico jugado por estos pensadores rusos, incluyendo el movimiento Narodniki, consistía en la preparación para la formación del partido y el proletariado revolucionario.

Premisas para la transformación de la moral

Es sólo la toma del poder por la clase obrera lo que crea las premisas para una completa transformación de la moral. La moral no puede ser racionalizada, esto es, no puede hacerse en armonía con las exigencias de la razón, al menos que la producción sea racionalizada al mismo tiempo, puesto que las raíces de la moral yacen en la producción. El socialismo apunta a subordinar toda la producción a la razón humana. Pero incluso los pensadores burgueses más avanzados se han limitado a las ideas de la técnica de racionalizar por un lado (a través de la aplicación de la ciencia natural, la tecnología, la química, los inventos, las máquinas) y a la política por el otra (a través del parlamentarismo); pero no han buscado racionalizar la economía, que ha permanecido siendo presa de una competencia ciega. De este modo la moral de la sociedad burguesa continúa subordinada a un elemento ciego y no racional.

Cuando la clase obrera tome el poder, se asignará la tarea de subordinar los principios económicos de las condiciones sociales al control y a un orden consciente. Por estos medios, y sólo por estos medios hay una posibilidad de transformar la moral de manera consciente. Los éxitos que obtendremos en esta dirección dependen de nuestros éxitos en la esfera de la economía. Pero incluso en nuestra situación económica actual podríamos introducir más críticas, iniciativa, y razón dentro de nuestra moral, que lo que en realidad hacemos. Esta es una de las tareas de nuestro tiempo. Es obvio que el cambio completo de la moral: la emancipación de la mujer de la esclavitud doméstica, la educación social de los niños, la emancipación del matrimonio de toda compulsión económica, etc., sólo podrá ocurrir luego de un largo período de desarrollo [socialista], y dependerá proporcionalmente en la medida en la que las fuerzas económicas del socialismo dominen sobre las fuerzas del capitalismo. La transformación crítica de la moral es necesaria para que las formas tradicionales conservadoras de la vida dejen de existir a pesar de las posibilidades de progreso que ya se nos han presentado en la actualidad debido a nuestras fuentes de ayuda económica, o, al menos, se nos presentarán en el futuro.

Por otra parte, incluso el mínimo éxito en la esfera de la moral, al elevar el nivel cultural de los hombres y mujeres trabajadoras, aumentará nuestra capacidad para racionalizar la producción, y promover la acumulación socialista. Esto a su vez nos da la posibilidad de lograr nuevas conquistas en la esfera de la moral. De este modo existe una dependencia dialéctica entre las dos esferas. Las condiciones económicas son el factor fundamental de la historia, pero nosotros como partido comunista, y como Estado obrero, solo podemos influir la economía con la ayuda de la clase obrera, y para lograr esto debemos trabajar incesantemente para promover la capacidad técnica y cultural del elemento individual de la clase obrera. En el Estado obrero la cultura trabaja para el socialismo y el socialismo a su vez ofrece la posibilidad de crear una nueva cultura para la humanidad, que no conoce la diferencia de clases.

De las recuerdos de Gorki sobre Lenin

Una tarde Lenin estaba en compañía de Gorki escuchando a un pianista magnífico que tocaba una pieza de Beethoven en la casa de un amigo. Luego de escuchar la pieza, con gran placer obviamente, se volvió hacia Gorky y observó irónicamente:

“No conozco nada más hermoso que la Appasionata y podría escucharla todos los días. Invariablemente me llega y me llena de orgullo y un pensamiento algo ingenuo e inocente me invade: ¡Qué cosas maravillosas son capaces de hacer las personas!”

Y sonriendo a través de sus ojos entrecerrados, Lenin agregó de manera poco feliz:

“Pero me resulta difícil escuchar música frecuentemente. Me crispa los nervios. Siento el impulso de decir banalidades placenteras y de acariciar las cabezas de aquellos que, mientas viven en tal infierno mugriento, son sin embargo capaces de crear tal belleza. Pero en la actualidad uno no puede acariciar la cabeza de nadie, te arrancarán la mano de un mordisco. Y además, es necesario seguir dándoles golpecitos en la cabeza, golpearlos sin piedad, incluso aunque nuestro ideal es oponernos a la violencia contra los seres humanos. Mmm Mmm – es una responsabilidad infernal y difícil.”



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