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La situación de la Liga y sus tareas[1]

Una contribución al debate

 

 

29 de junio de 1934

 

 

 

1. El año 1934 está marcado por el diario agravamiento de la crisis económica mundial. En los primeros seis meses, la línea del gráfico no es horizontal, sino que muestra un descenso (no muy pronunciado, pero descenso al fin) hasta llegar al punto más hondo de la crisis La agudización de las contradicciones interimperialistas nos predicen la inminencia de una conflagración mundial.

En lo que concierne a Francia, todas las estadísticas muestran que la economía se ve crecientemente afectada. Por medio de la política de "seguridad colectiva" y de la acelerada producción de armamentos, el imperialismo francés se prepara abiertamente para la próxima guerra. El carácter cada vez más agudo de la crisis económica francesa, y la consiguiente lucha de los distintos sectores sociales, que buscan -unos a expensas de otros - una salida a la situación, determinan el ritmo y la ferocidad de la lucha, así como los principales rasgos de la honda crisis política que hoy se da en Francia. Esta crisis ya no tiene los rasgos de las que se dieron anteriormente, desde 1920. La época de las soluciones mediante el debate parlamentario ha concluido. Las jornadas de febrero, con la violenta ofensiva de la vanguardia reaccionaria y la furiosa y constante respuesta de la vanguardia proletaria, han preparado en la actual crisis el terreno para luchas revolucionarias decisivas.

No hay duda que el transitorio gobierno bonapartista actual, que es sólo la primera forma de bonapartismo posterior a los hechos de febrero, no gozará de una estabilidad prolongada. Puede darse la vuelta a una especie de gobierno de "coalición" a consecuencia de una intensificación de la presión de las masas (lo que puede llevar más lejos a esta forma de gobierno) o un retroceso como resultado de una victoria reaccionaria alcanzada, como siempre, en el terreno extraparlamentario. El pasaje a otra forma de régimen bonapartista tendrá que basarse en la violenta represión del proletariado.

Pese a que las fuerzas reaccionarias ganaron posiciones con su ofensiva de febrero, todavía no han logrado hacerse amos de las principales capas de la nación. En efecto, su avance parece estar frenado dentro del campesinado pobre, la pequeña burguesía y las masas trabajadoras, sectores sociales por los que el "gobierno de reconciliación nacional" no ha hecho otra cosa que imponer fuertes impuestos. La vasta ofensiva propagandística de la vanguardia reaccionaria es más notable en su extensión que en sus resultados. La furiosa respuesta de las masas trabajadoras organizadas encontró eco en las capas sociales intermedias, que así brindaron un punto de apoyo a los espasmódicos intentos de la "izquierda" de resistir los fuertes ataques de la derecha, durante el período de reconciliación (Cudenet, las medidas tomadas por Doumergue, las amenazas de Daladier).

Las masas trabajadoras, duramente golpeadas por el gobierno de reconciliación, no han podido resistir con efectividad en el campo económico debido a la situación de sus organizaciones. Pero en el plano político su agitación es evidente. A ritmo acelerado, la batalla tiende a extender sus alcances. Hemos entrado en un período de intensa lucha prerrevolucionaria, durante el cual se producirán, para toda la etapa, reagrupamientos decisivos entre las masas.

La reacción de las masas organizadas y de las capas influenciadas por ellas refleja un firme estado de ánimo en los trabajadores. La determinación de unir esfuerzos se ha expresado en sus manifestaciones callejeras, así como también en los debates llevados a cabo en los sindicatos. Las últimas convenciones de la CGT, incluyendo a sectores estimados como conservadores, -empleados de correos, del estado y ferroviarios-, expresaron un creciente deseo de unidad de acción. Las direcciones burocráticas se han visto forzadas a tomar en cuenta los hechos siguientes: el giro radical de la SFIO en 1934 en relación a sus posiciones del año pasado; los discursos de Jouhaux; el gran viraje del Partido Comunista luego de las graves amenazas de ruptura y desintegración (Saint-Denis, la salida de los marineros y estibadores de la CGTU). Aunque tardíamente, la lección alemana hace impacto aquí. Las burocracias buscan un apoyo firme entre las masas; y éstas, a su vez, buscan una salida en la acción. Las maniobras convergentes que hacen los aparatos producirán el efecto de impulsar aun más a las masas enfurecidas. En el curso de las acciones, la conciencia política de importantes sectores de la militancia se transformará rápidamente mientras que la resistencia conservadora de las burocracias, con todo su arsenal defensivo, se verá debilitada. La historia está abriendo sus páginas; poca atención prestará a los catecismos burocráticos.

Estos factores crean una situación enteramente nueva para nuestra vanguardia, situación que exige el más serio examen de nuestras tareas.

2. Nuestra situación. El hecho mismo de nuestra existencia a nivel internacional, de nuestra homogeneidad política, de la experiencia de nuestros cuadros, tal y como son, constituye un factor que puede ser de decisiva importancia para el movimiento revolucionario. Nuestras ideas son políticamente victoriosas en el momento actual. Pero la desproporción entre la fuerza potencial de nuestra política y nuestra influencia como organización reaparece con mayor énfasis. Esta desproporción es, en gran medida, producto de la situación que nos engendró. Nuestra lucha fue y sigue siendo una lucha "contra la corriente", una corriente que explota las conquistas de Octubre para prestigiarse. Al tiempo que nos hemos sostenido en nuestro terreno, avanzamos poco a poco en una atmósfera terriblemente trastornada.

Nuestra Liga ha logrado importantes progresos en la extensión de su influencia política. Sin embargo, en el campo de la consolidación organizativa -y teniendo en cuenta las favorables condiciones creadas por nuestra nueva orientación y por el desarrollo de la situación política- la Liga se ha demorado más de un año. Nuestra organización ha implantado sus ideas en cada lugar de Francia y sus colonias. No hay distrito obrero en que no tengamos una "audiencia receptiva". Pero una audiencia receptiva no significa "grupos" que trabajan sistemáticamente de acuerdo a un plan, con una dirección centralizada coherente, y que crecen poco a poco a través de un reclutamiento sistemático. Fuera de la zona de París, ni siquiera se han hecho intentos al respecto. Los cuadros dirigentes de nuestra organización son débiles, y no hemos reclutado aun gente nueva cuando un nuevo proceso de selección viene ahora a iniciarse. Pero nuestra capacidad para mejorar a los viejos cuadros todavía sigue siendo limitada debido a que carecemos de una base entre las masas que facilite su desarrollo.

La Liga no se ha convertido en un polo de atracción revolucionario, en una fuerza con la que haya que contar. El deseo de ganar un lugar en la actual lucha de Francia ha sido el motor de toda nuestra actividad durante la etapa anterior. Esto fue un paso adelante, pero tanto nuestra debilidad orgánica como nuestra composición social se levantaban a cada momento como un gran obstáculo. El frente único con la SFIO (Comite d ’alliance, Pere-Lachaise) apareció en éstas y otras ocasiones como una caricatura más del frente único, haciendo de nosotros un apéndice de Ámsterdam; un frente único del que la SFIO nos echaba cada vez que le convenía. El intento de ganar a los militantes de Saint-Dénis parecía más un paciente y desafortunado galanteo, que una lucha política. La Verité va demasiado a la cola de otras tendencias para preocuparse de sus propios asuntos. (Aquí me limito a meras afirmaciones, pero estoy dispuesto a ampliarlas en cada caso si ello fuere necesario.)

En las luchas revolucionarias que se inician, nuestra débil embarcación se arrojará al combate, pero detrás de grandes organizaciones políticas que se aprestan a disponer sus filas en orden de batalla a través del frente único. Sus maniobras absorben toda la atención de la multitud, cuyos ojos miran ansiosamente el horizonte, y en lo más dificultoso de la lucha, los respectivos estados mayores podrán aislar e incluso hundir nuestra frágil nave. Ese es el verdadero peligro de la situación actual; parecemos llegar a estas luchas desde afuera; no tenemos fuerzas organizadas correspondientes en los organismos de masas, en particular, en los sindicatos; nuestros lazos permanentes con la clase obrera son casi nulos.

En ningún sector de la CGTU existe una fracción sólida; sólo doce miembros tienen puestos importantes en ella.

No hay fracción alguna en la CGT.

No existe una fracción nacional coordinada en la SFIO, a pesar de que tenemos miembros activos en ella.

En general, no hay fracciones en las organizaciones de masas. Existe, además, una total subestimación de estos trabajos y de la atención que debe prestarse a los militantes aislados que activan en las organizaciones de masas, así como de sus opiniones. (Todo esto a nivel nacional, en el caso de la organización de adultos.)

Nuestra agitación directa entre las masas se encuentra en una etapa inicial de prueba; a su modo, cualquier militante siente que en este tipo de trabajo todavía no utilizamos el "tono" apropiado. Con frecuencia, nuestra agitación se queda en un plano superficial, porque después de concluido un mitin nuestra composición social nos separa de los trabajadores de la localidad. ¡Cuántos esfuerzos valerosos hemos realizado! ¿No están los participantes atónitos ante la débil respuesta a estos esfuerzos? En resumen, entre las causas de esta desproporción, los errores, aun los más serios, sólo pueden ser considerados como un factor secundario. Es posible coordinar mejor nuestros esfuerzos, establecer reglas serias en nuestras relaciones organizativas, cambiar el carácter del periódico, modificar uno u otro aspecto, pero todo esto continuaría dentro de Los límites de nuestra desventaja original. Seguramente, se pueden evitar algunos errores, se pueden hacer esfuerzos y lograr mejoras; pero, ¿a qué ritmo y en qué proporción frente a este mar que se levanta y nos envuelve? ¿Qué audiencia tendrá nuestra pequeña organización cuando todos los ojos se fijen en la lucha, en las conmociones y alineamientos de las viejas organizaciones ya establecidas? ¿Qué posibilidades tendrá, ahora que la palanca del frente único ha sido arrancada de sus manos? Las amplias capas de la población no nos juzgarán por las anteriores publicaciones de nuestra siempre valerosa Verité. En esta situación, ¿quién puede atreverse a afirmar que, sin un radical cambio de táctica, podemos convertimos en el polo de atracción decisivo de estas luchas? La consigna de un nuevo partido, lanzada al margen de la batalla, parece más bien una receta médica que un arma decisiva. Corre el riesgo de atraer más intelectuales que luchadores. La liga Espartaco [de Alemania] fue aplastada por sus insuficientes ligazones con las masas. ¿Y qué somos nosotros comparados a Espartaco?

3. El problema del nuevo partido se plantea más urgente que nunca. En este período de luchas revolucionarias, en el cual deben ser resueltos todos los problemas de la estrategia revolucionaria y de la conquista del poder (órganos de poder, etcétera), el partido de vanguardia es el arma indispensable para la victoria del proletariado. Los zigzags burocráticos del partido stalinista nada tienen en común con las tácticas de ese partido de vanguardia. Hoy tascan el freno del "socialismo en un solo país"; ¿quién puede decir lo que sucederá mañana? El carácter totalmente independiente del partido del proletariado no tiene nada en común con la organización stalinista, encadenada a los intereses conservadores de la burocracia soviética.

El método mediante el cual los cuadros, por medio del análisis marxista, deciden sobre una línea de acción propuesta nada tiene que ver con la forzada aceptación del último viraje por los partidos comunistas. Por su apego a la Revolución Rusa, los trabajadores revolucionarios se amarran a una miserable burocracia centrista; éste no es el partido de la revolución. Dicho partido aún está por construirse. Ni un ápice de nuestros diez años de criticas, de explicaciones sobre las derrotas sufridas, de su significado y de las conclusiones que de ellas se deducen, pueden ser suavizadas o rechazadas. Según el caso, los virajes y zigzags del aparato centrista pueden tener elementos progresivos o regresivos; pero la Comintern dejó de ser ya la guía del proletariado. Hoy como ayer, ante la creciente marea revolucionaria y frente a la amenaza de una guerra mundial, el primer punto de nuestro programa sigue siendo: ¡construir el partido revolucionario, construir la Cuarta Internacional!

Tampoco tenemos nada qué retractamos de nuestro análisis de la Segunda Internacional y del papel de la SFIO en las relaciones entre las clases. Lo que interesa de las diferencias entre este partido reformista y el centrismo stalinista es lo siguiente:

a. El hecho de que la bancarrota de la Comintern, en lugar de acabar con la socialdemocracia, le ha permitido crecer y agrupar a su alrededor a sectores obreros que, bajo el impacto de los acontecimientos de Alemania, Austria y Francia, comienzan a orientarse hacia la revolución y no vacilarán en luchar contra su propia burocracia.

b. El hecho de que el régimen interior de la SFIO, a pesar del poder de su burocracia, no ha colocado una camisa de fuerza a sus bases y permite una cierta libertad de movimiento entre los sectores obreros.

En el partido stalinista las bases dependen de la burocracia; pero, hasta ahora, en la SFIO, los militantes de base han sido relativamente independientes de la burocracia. Este tipo de régimen interno, fue la forma originaria del partido democrático en el estado democrático, y sufrirá las consecuencias de la crisis de ese estado. En este período de reagrupamientos, la actual forma favorece a las bases, por lo que la burocracia debe estar preparándose para la pelea.

Como partidos revolucionarios, tanto la SFIO como el PC están en bancarrota. Pero en esta etapa de cambios bruscos y reacomodamientos, nuestra tarea consiste en adaptar las tácticas de acuerdo tanto al conocimiento que tengamos del terreno como a las oportunidades de crear el nuevo partido revolucionario. Por ello debemos observar que la vida política interna del partido stalinista es nula; y que hay que excluir la posibilidad de desarrollar dentro de él una tendencia (el aparato acaba de dar un viraje de ciento ochenta grados en la orientación del trabajo de los miembros del partido y Monmousseau está sorprendido de que nadie se haya sorprendido). Por otro, guardando las proporciones, el Partido Socialista ha mantenido a través de todo este período una vida relativamente intensa. En este aspecto, la actual etapa es comparable a la que precedió al Congreso de Tours.

Todos estos elementos son datos importantes que deben considerarse en relación al problema del "nuevo partido"

4. ¿Cuál es la solución? ¿Debemos continuar por la senda que hemos seguido, aunque mejorando nuestros métodos? La respuesta a las dos preguntas las acabo de dar en la sección 2. Cualquiera que sea el camino que elijamos, será necesario rearmar a nuestra organización en todos los aspectos de su vida interna y en todos sus procedimientos organizativos. Esta es una tarea urgente. Ello significa que debemos templar nuevamente nuestras armas, lo que no quiere decir que tengamos que utilizarlas de la misma forma en que lo hacíamos antes. Es evidente que con el presente nivel de nuestras fuerzas y manteniendo las actuales posiciones, no seremos capaces de crecer con la rapidez necesaria como para convertimos en un polo de atracción decisivo. Por el contrario, estaremos marginados del centro de las luchas, en detrimento del resultado de las mismas. Reservar la mayor parte de nuestras fuerzas para el trabajo tendencial dentro de una organización de masas seria reconocer las escasas recompensas recibidas por nuestro trabajo independiente. Pero, dada nuestra debilidad numérica, ello también significaría no ubicar la fuerza adecuada en ningún área determinada. Por ejemplo, los militantes de nuestra Liga, repartidos aquí y allá en la SFIO, verían decrecer la efectividad de su trabajo por el carácter clandestino de su entrada. El trabajo fraccional en la SFIO, que ha sido rechazado por más de un año, ya hoy no sería suficiente, ni siquiera si lo mejoramos.

Es necesario dar el paso decisivo que nos acerque a grupos de trabajadores que se orientan hacia las ideas revolucionarias, para convertimos en sus catalizadores y aumentar así nuestras posibilidades.

Sin renunciar a nuestras posiciones y sin disolvernos, es necesario llevar la lucha al centro mismo de un grupo que esté en proceso de evolución. Ya hemos señalado nuestras especiales fallas y dificultades, pero no debemos subestimar el valor de nuestro núcleo de propaganda y su capacidad. Es suficiente ubicarlo estratégicamente para que sus lentos pasos se transformen en decisivos saltos hacia adelante.

¿Pero dónde? El acceso al Partido Comunista es imposible debido a su régimen interno. Y descartamos totalmente una capitulación.

Aun queda la SFIO. Su situación interna nos permite entrar a ella bajo nuestra propia bandera. La atmósfera es propicia para las metas que nos hemos trazado. Lo que ahora necesitamos es actuar de tal manera que nuestra declaración, lejos de fortalecer al ala burguesa dirigente, apoye al ala proletaria de avanzada; que su texto y su difusión nos permitan mantener la frente en alto, tanto en caso de aceptación como de maniobras dilatorias o rechazo. No podemos disolvernos de ninguna manera. Entramos como la Fracción Bolchevique Leninista, nuestros lazos organizativos permanecen intactos, nuestra prensa continúa existiendo tal como existen Bataille Socialiste y otras publicaciones.

Hay dos cosas necesarias para el éxito de este paso, que en un breve lapso podría transformar completamente la constelación política en el movimiento obrero la cohesión organizativa (por firme adhesión de cada uno de los miembros) y la rapidez de ejecución. Postergar tales decisiones significa perder el momento oportuno para su aplicación lo que nos coloca en desventaja.

Debemos examinar más adelante algunas sugerencias respecto a los medios para llevarlo a cabo. La organización debe hacer un balance de sus fuerzas y comprender que, en la actual situación, la forma de acrecentarlas no es ajustarse a la rutina sino hacer un esfuerzo valeroso para ganar a las ideas revolucionarias a los miles de obreros que la degeneración de la Comintern alejó del bolchevismo.

Antes de proponer su aplicación, quiero hacer énfasis en que toda esta orientación depende directamente de la caracterización política de la crisis actual y de la correlación de fuerzas en el movimiento obrero.

Seria conveniente llamar la atención de los miembros en el sentido de que nuestros debates al respecto mantengan el carácter de una discusión seria, sostenida frente al movimiento obrero.

¿Cómo debemos iniciar la orientación?

a. Poniéndola en el orden del día de los organismos dirigentes: 1) el Buró Político, 2) el Comité Central, 3) los comités regionales y proyectando una resolución sobre la misma.

b. Publicando inmediatamente un boletín interno que contenga el proyecto de resolución posiblemente elaborado por el Comité Central, y enviándolo a todos los grupos. Se debe designar un informante del CC para cada uno de ellos, y distribuir el boletín a tiempo para una adecuada discusión.

c Asignar a un camarada la "preparación" en la prensa (con un artículo polémico que presente la orientación) de modo que convenza a nuestro círculo de simpatizantes

d. Encargar a un camarada que se reúna con Georget y Danno con el propósito de tratar de que una de las fracciones de izquierda de la SFIO, (la de Just u otro) haga un llamado a nuestro favor.

e. Preparar un proyecto de declaración para la SFIO, que debe ser presentado por una delegación. Publicar el texto y su respuesta.

f. Preparar un numero especial de La Verité con el texto de la declaración para la SFIO y el programa de acción que servirá de base a nuestra propaganda.

g. No olvidar el aspecto "juvenil" del problema. En el punto a. es necesario convencer al Comité Juvenil Nacional lo mismo que al Comité Central para que consideren con seriedad lo referente al problema de la juventud; quizá el llamado d. pueda realizarlo la Federación de Jóvenes Socialistas. De cualquier modo, esta actitud puede frenar (por un lapso inmediato) el curso a la escisión de la Federación de Jóvenes Socialistas.

h. Llamar a una reunión del Comité Nacional con el propósito de someter nuestra declaración al Comité Nacional de la SFIO el 15 de julio.



[1] La situación de la Liga y sus tareas. Internal Bulletin, Communist League of America (Liga Comunista de Norteamérica) N° 16, septiembre de 1934. Firmado "Linier". La traducción [al inglés] ha sido revisada por Russell Block, después de examinar el original francés, con permiso de la Biblioteca de la Universidad de Harvard. Este documento fue enviado al Buró Político de la Liga Comunista francesa para ser incluido en su primer boletín interno en el que discutía la propuesta del giro francés.



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