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La guerra y la Cuarta Internacional, junio de 1934

Alejandro Tresso

 

Los análisis de Trotsky sobre las tendencias de la economía, las relaciones entre los estados y los procesos de la lucha de clases, le permitieron prever con gran antelación las tendencias a una nueva guerra imperialista. La perspectiva de otra catástrofe para los trabajadores y los pueblos del mundo obligaban a los revolucionarios posicionarse frente a ella. Así, la LCI adoptó en 1934 el manifiesto “La guerra y la IV Internacional”.

 

Los preparativos para una nueva guerra

Las contradicciones interimperialistas que la Primera Guerra que no había resuelto se agudizaban ahora bajo los efectos de la crisis del 30. Trotsky analizó estas contradicciones y su expresión en la decadencia cada vez mayor del capitalismo, la miseria de las masas, la destrucción de la “democracia”, el avance del fascismo, evidenciando el “carácter totalmente reaccionario, putrefacto y bandidesco del capitalismo moderno”. La imposibilidad del capitalismo de dar una salida pacífica a estas contradicciones ponía a la orden del día el estallido de una nueva guerra: “Será más cruel y destructiva que la anterior. Este solo hecho determina que la actitud hacia la próxima guerra sea el problema básico de la política proletaria” y lo transformaba en una cuestión de vida o muerte para el proletariado, el único que podía “encontrar una salida al desastre inminente, [poniendo] con renovada fuerza a la orden del día la revolución internacional. Sólo el derrocamiento de la burguesía por el proletariado insurrecto puede salvar a la humanidad de una nueva y devastadora matanza de los pueblos.”

La política revolucionaria frente a la guerra

El primer paso era la educación de los cuadros del partido en la correcta comprensión de las condiciones de la guerra imperialista y de los procesos políticos que la acompañaban y preparar cuadros obreros para plantear en todas las organizaciones y en la prensa proletaria el problema del peligro de guerra y la necesidad de luchar contra ésta. Si las fuerzas del proletariado no alcanzaban para evitar la guerra por medio de la revolución, los obreros, junto con todo el pueblo, se verían forzados a participar en el ejército y la guerra bajo una perspectiva revolucionaria. Trotsky desarrolló además la política de los revolucionarios de defensa de la URSS frente a un ataque imperialista, la discusión contra la “defensa de la patria” y la política frente a los países semicoloniales.

La IV Internacional y la guerra

Debido al fracaso de la II y III Internacional, la lucha contra la guerra exigía un instrumento revolucionario de combate, que no existía a escala nacional ni internacional. Había que construir el partido revolucionario teniendo en cuenta toda la experiencia del pasado. Renunciar a la lucha abierta y directa por la nueva internacional significaba apoyar consciente o inconscientemente a las dos internacionales existentes, de las cuales una apoyaría activamente la guerra y la otra sólo sería capaz de desorganizar y debilitar a la vanguardia proletaria. “Es indiscutible que en nuestra época sólo la organización que se apoye en principios internacionales y forme parte del partido mundial del proletariado podrá echar raíces en terreno nacional. ¡Ahora la lucha contra la guerra significa la lucha por la Cuarta Internacional!”

 

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1 Para leer el texto completo ver “Guerra y Revolución, Una interpretación alternativa de la Segunda Guerra Mundial, Ediciones CEIP.



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