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La crisis de la sección griega[1]

 

 

5 de abril de 1934

 

 

 

A todos los militantes de la sección griega de la Liga Comunista Internacional (bolcheviques leninistas)

 

Estimados camaradas:

 

El conflicto que opuso la sección griega a todas las demás secciones de la Liga Comunista Internacional condujo con lógica de hierro a una áspera lucha interna dentro de la propia sección griega. Dada la enorme importancia del problema, considero que es mi obliga­ción presentarles mi posición con toda franqueza.

Desde el comienzo me llamó la atención el que durante los últimos meses el Comité Central de ustedes no contestara las cartas del Secretariado Internacional, que pareciera ignorar todos sus pedidos de información y sus propuestas, en otras palabras, que se comportara como si ya hubiera roto de jure con la Liga Internacio­nal. Demás esta decir que me alegró mucho recibir la carta del 10 de marzo de la mayoría del Comité Central porque esperaba que nos indicaría el deseo de los camaradas Witte, Manos y otros de restablecer los lazos internacionales rotos por ellos. Pero, lamenta­blemente, el contenido de esta carta es sumamente desalentador. La carta está escrita con una animosidad y una ponzoña increíbles. Ese tono tan venenoso sería comprensible únicamente en el caso de que la mayoría del Comité Central de ustedes hubiera resuelto romper con la Liga Internacional de los bolcheviques leninistas. Pero me niego a creerlo. El intento de la mayoría del Comité Central de hacerles creer a ustedes que sus golpes están dirigidos solamente contra el Secretariado Internacional no se sostiene por ningún lado. El Secretariado Internacional esta formado por las secciones europeas más importantes. Si la sección griega no está representada -lo que personalmente lamento mucho-, se debe solamente a dificultades financieras que no le permiten a esa sección mantener un representante en el extranjero. Tenemos el Secre­tariado Internacional que corresponde a nuestras fuerzas. Nuestras secciones más importantes lograron últimamente grandes éxitos en una serie de países. Ante nosotros se abren grandes perspectivas. Por supuesto, queda claro que el Secretariado Internacional no pretende ser infalible; pero hay una crítica fraternal, cuyo objetivo es mejorar el trabajo común, y hay una crítica hostil que perjudica a todas nuestras secciones y tiende a destruir la organización.

¿Dónde se origina esta animosidad? Como sabe­mos, el conflicto comenzó entre el Secretariado Inter­nacional y la sección francesa. La marcha de los acontecimientos no tardó en arrojar luz sobre el problema. Tan solo después que la Liga francesa eliminó a sus elementos decadentes pudo ampliar su trabajo de masas. Lograron éxitos importantes; su influencia sobre amplios sectores de obreros avanzados aumenta constantemente. Y, por el contrario, los grupos que se separaron influidos por Witte ya sufrieron una ruptura y continúan desintegrándose. No realizan ninguna actividad política. Tales son los hechos. Contra los hechos el razonamiento abstracto es impotente.

¿Y qué pasa con el Secretariado Internacional? Durante un lapso prolongado todas las secciones, sin excepción, se quejaron de la pasividad del Secretariado que, pese a contar con un organismo permanente, no podía abarcar ni siquiera la correspondencia ordinaria. Durante los últimos meses, pese a las graves dificul­tades financieras y a que no contamos con un secre­tario permanente, el trabajo se viene realizando siste­máticamente. El Secretariado Internacional no sólo atiende una correspondencia regular con todas las sec­ciones; también editó una serie de números del Boletín, elaboró un proyecto de tesis sobre el problema de la guerra, publicó un manifiesto, organizó una conferen­cia juvenil internacional, etcétera. Tales son los hechos. Si se los analiza honestamente, sin prejuicios fraccio­nales, sin amarguras personales, no se puede menos que reconocer que el Secretariado Internacional avanzó considerablemente durante los últimos seis meses.

Que quede claro que el hecho de que el camarada Witte haya adoptado una posición incorrecta dentro del Secretariado Internacional y de la Liga francesa no constituye por sí mismo un crimen. ¿Quién no se equivoca en el trabajo político? Pero después que los hechos concretos e indiscutibles demostraron que la posición era incorrecta, seguir insistiendo en ella y tratar de llevarla a otras secciones significa poner las ambi­ciones personales por encima de los intereses de la revolución y el socialismo. Es totalmente inadmisible. En estos casos los militantes de base tienen que corregir a sus dirigentes.

Dentro de la sección griega ya se desarrolló la segunda fase de la lucha. Me resulta mucho más difícil dar mi opinión al respecto ya que no leo griego. Pero la mayoría del Comité Central de ustedes escribe que está dispuesto a defender en Grecia los mismos "principios" que el camarada Witte puso en práctica en el Secretariado Internacional y en la Liga francesa. Si es así, no me cabe ninguna duda de que se trata de los mismos principios que fueron derrotados. Por supuesto, no me refiero a la época en que el camarada Witte estaba de acuerdo con nuestra dirección interna­cional en todas las cuestiones fundamentales y no pretendía aplicar independientemente ninguna política personal. Me refiero al último período, cuando el camarada Witte, comenzando con problemas pequeños y secundarios, se opuso denodadamente a nuestra dirección general y a nuestras secciones más impor­tantes. Aquí ya no se trata de simples errores sino de una incorrecta línea principista del camarada Witte. Después de la experiencia con la Liga francesa, a ningún marxista que conozca los hechos le puede caber la menor duda de ello.

En el intento de encontrar una explicación para su actitud hostil hacia la Liga Internacional, la mayoría del Comité Central hace referencia a la ruptura de 1903 entre bolcheviques y mencheviques. El grupo que se formó en la Liga francesa bajo la dirección del camara­da Witte también se refiere al año 1903 en su declara­ción (ver International, 12, 11 de noviembre de 1933). Por lo tanto, nos encontramos frente a una actitud a la que no se puede considerar de otra manera que una especie de ruptura preventiva, ya que el solo hecho de referirse a 1903 significa que la única salida que se encuentra es una ruptura. ¿Están de acuerdo con esta conclusión los militantes de la sección griega?

La mayoría del Comité Central de ustedes afirma que la lucha se da alrededor de principios organizativos. ¿Cuáles son estos principios? En Francia el camarada Witte defendió de hecho el derecho de cada militante a no someterse a la disciplina de la organiza­ción, el derecho de un miembro del Secretariado Internacional a aplicar una política a espaldas del Secretariado dirigida contra el propio Secretariado, el derecho de la minoría de la organización a no someterse a la decisión de la inmensa mayoría de la conferencia; en una palabra, los peores principios individualistas y anarquistas. Por lo que puedo juzgar, en Grecia, la mayoría del Comité Central defiende y aplica ahora principios directamente opuestos, ya que niega a la minoría el derecho de defender abiertamente su posi­ción ante todos los miembros de su organización. Así el anarquismo individualista se transforma en su opuesto, es decir, en centralismo burocrático. Pero ambos extremos, que con mucha facilidad se convierten uno en el otro, no tienen nada en común con el bolchevismo, que tanto a escala nacional como internacional construye la organización sobre la base del centralismo democrático.

La mayoría del Comité Central hace una interpre­tación totalmente errónea de la experiencia de 1903. Los principios organizativos no bastan en sí ni por si mismos. A través de las formas organizativas se abre camino la política; a través de la política se revela el programa; en el programa se expresa la teoría. Sin embargo, a menudo sucede que las diferencias programáticas y políticas todavía no desarrolladas, no concre­tadas, al comienzo se manifiestan solamente en el terreno organizativo. Así ocurrió en 1903. Pero preci­samente por esta razón los bolcheviques no admitieron la ruptura. Por el contrario, exigieron que se mantu­viera la unidad y la disciplina y se convocara con hones­tidad un nuevo congreso. Fue tan sólo después que se manifestaron las profundas diferencias políticas y programáticas que comenzó realmente el proceso de formación de dos fracciones que llevó a la ruptura definitiva en 1912, nueve años después del congreso de 1903.

¿Cuál es la conclusión de esto? Es evidente que los conflictos organizativos por sí solos no bastan pan determinar la profundidad de las diferencias, menos para provocar una ruptura. Hasta que las diferencias políticas y programáticas no se manifiesten claramente todos los revolucionarios tienen el deber de salvaguardar la unidad de la organización en base al centralismo democrático. Esto es precisamente lo que exige el Secretariado Internacional.

La referencia a 1903 -debo repetirlo- va totalmente en contra de la mayoría del Comité Central de ustedes. En ese entonces los mencheviques comenza­ron con la defensa de principios superdemocráticos, a veces afines con el anarquismo. Yo personalmente escribí una serie de artículos erróneos contra el centralismo, aunque nunca fui tan lejos, por ejemplo, como el camarada Witte respecto a la Liga francesa. Pero cuando al año siguiente, con la ayuda de Plejanov, los mencheviques se apropiaron de la mayor parte de las instituciones centrales del partido, cambiaron totalmente de orientación; empezaron imponiendo órdenes desde arriba y se opusieron de todas las maneras posibles a convocar el congreso partidario. Después de varios meses de lucha los bolcheviques se vieron obligados, fuera del Comité Central y en contra de éste, a formar su propia dirección central para convocar al congreso. Espero firmemente que la mayoría del Comité Central de ustedes no siga el camino de los mencheviques y garantice un congreso único.

Así, vemos que si se interpretan precisa y seriamente las lecciones de 1903 tenemos que llegar a las siguientes conclusiones:

a) En la etapa actual, cuando las diferencias todavía no fueron mas allá de la esfera de los conflictos organizativos, no se puede sacar conclusiones sobre su profundidad ni sobre cuál será la salida.

b) Por lo tanto es necesario, por un lado, garantizar la unidad de la organización, y por el otro tomar todas las medidas para asegurar un análisis de las diferencias serio y honesto, no sólo en el terreno organizativo sino también en el político y programático.

c) Estos objetivos no se pueden alcanzar si no es con el método del centralismo democrático, es decir, con la más amplía discusión, en un congreso honestamente convocado y sometiéndose la minoría a la mayoría.

d) Una discusión en un partido leal presupone que los dos grupos, en las mismas condiciones, hacen cono­cer a todo el partido, por escrito y oralmente, sus posiciones sobre los problemas en discusión; todo núcleo debe contar con la posibilidad de escuchar a los representantes de la mayoría y a los de la minoría del Comité Central. Este tiene que garantizar esta posibi­lidad. Así se arreglaban invariablemente los problemas en el Partido Bolchevique antes de su degeneración burocrática.

e) El congreso debe ser el espejo del partido. Esto significa que, dado que en la organización surgió una discusión programática, hay que convocar un congreso sobre la base de la representación proporcio­nal. Este es el abecé de la democracia obrera, que todo revolucionario honesto debe tener en cuenta.

f) Nuestra organización es internacional no sólo de nombre sino por su esencia. Esto significa que además de poner la disciplina nacional por encima de la disci­plina local pone la disciplina internacional por encima de la disciplina nacional, de esto se deduce, especialmente, la necesidad de hacer conocer con tiempo a todas las secciones las tesis de los dos grupos que se combaten recíprocamente para darles la oportunidad de expresar su opinión antes del congreso.

Por lo que puedo apreciar a través de las cartas, nuestro Secretariado Internacional es de la misma opinión.

No me cabe la menor duda de que una inmensa mayoría de su sección seguirá ligada a la Liga Internacional. La ruptura de estos lazos significaría un retroceso para los cuadros nacionales, la pérdida de un horizonte internacional, la renuncia a una división internacional del trabajo en el terreno de la teoría y la práctica revolucionarias. Ustedes no permitirán que su sección sea arrastrada a una catástrofe como ésa, que sería el comienzo de su ruina. Llamen al Comité Central a reconstituir las relaciones fraternales normales con el Secretariado Internacional y a preparar con su ayuda la convocatoria a un congreso democráticamente organizado. Esta es la única manera de salir de la crisis. Cuenten para esta tarea, sin ninguna vacilación, con el caluroso apoyo de todas nuestras seccio­nes. En este sentido, les deseo con todo mi corazón mucho éxito.

¡Vivan los bolcheviques leninistas de Grecia!

¡Viva nuestra Liga Internacional!

¡Viva la Cuarta Internacional!

 

Suyo,

 

G. Gourov [León Trotsky]



[1] La crisis de la sección griega. Boletín Interno, Communist League of America (CLA, Liga Comunista de Norteamérica), N° 15, 1934. Firmado "G. Gourov".



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