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¿Exito o fracaso?[1]

Algo más sobre la Conferencia de París

 

 

10 de septiembre de 1933

 

 

 

Cuando un movimiento entra a una etapa nueva, superior, siempre hay elementos que defienden el pasado. La perspectiva más amplia los asusta. No ven más que dificultades y peligros.

En una reunión bolchevique leninista los camaradas me transmitieron la siguiente crítica de uno de los asistentes al congreso: "No conseguimos nada en la Conferencia de París; todo fue a parar en negociaciones y acuerdos entre los dirigentes; esa política no puede tener ninguna significación revolucionaria; la declara­ción conjunta firmada por los dirigentes de las cuatro organizaciones implica en realidad una desviación hacia la socialdemocracia…" Dado que esta crítica refleja -es cierto que de manera muy exagerada- las dudas y aprehensiones de algunos camaradas (que según todos los informes son una pequeña minoría), hay que examinar seriamente los argumentes señalados.

"Las negociaciones fueron llevadas a cabo por los dirigentes." ¿Qué significa este argumento? A los congresos y las convenciones siempre van los "dirigentes", es decir los representantes. Es un objetivo imposible reunir en un solo lugar a todos los miembros de la Oposición de Izquierda, del SAP, del RSP y del OSP. ¿Cómo se puede llegar a acuerdos entre las organiza­ciones sin negociaciones de los representantes, es decir de los "dirigentes"? Obviamente, la crítica sobre este punto no tiene sentido.

¿O el autor de la crítica quiere decir que los repre­sentantes de las organizaciones que firmaron la declaración conjunta no expresan la opinión de la base? Examinemos también este argumento. En lo que hace al SAP, todos saben que la base del partido hace mucho tiempo que pelea no sólo por un mayor acercamiento a nosotros sino por la fusión total, mientras que hasta hace muy poco los dirigentes eludían la cuestión y la frenaban por temor a un alejamiento de sus posibles aliados de derecha. En este caso, ¿Por qué se vieron obligados los dirigentes a firmar con nosotros un documento tan importante? La respuesta es clara: la presión de la base hacia la izquierda, se hizo tan fuerte que los líderes del SAP tuvieron que volverse hacia nosotros. Quienes saben interpretar correctamente los hechos y síntomas políticos dirán que se trata de un gran triunfo. Esta conclusión conserva toda su validez independientemente de la habilidad o destreza con que los dirigentes hayan llevado a cabo las negociaciones. Lo decisivo no fueron éstas sino todo el trabajo previo de la Oposición de Izquierda.

Respecto al OSP, la situación es aproximadamente la misma. Esta organización no tenía ninguna conexión con nosotros. Hace dos años participaba en un bloque con Seydewitz y Rosenfeld.[2] Ahora se nos acercó. Es evidente que los dirigentes de esta organización nunca hubieran dado ese paso sin un fuerte impulso hacia la izquierda de parte de la base.

En cuanto al RSP (Sneevliet), el asunto es un poco diferente. Hace algún tiempo que mantenemos con ellos relaciones amistosas. Muchos camaradas saben cómo Sneevliet y sus amigos apoyaron activamente a la Oposición de Izquierda en la conferencia de Copenhague y especialmente en el Congreso contra la Guerra de Amsterdam.[3] La cuestión de la Comintern[4] impedía que esta afinidad política se concretara organizativamente.[5] Cuando nos declaramos a favor de una nueva internacional cayó el muro que nos separaba. ¿No queda claro que en este caso nuestra nueva orientación produjo inmediatamente un valioso resultado concreto?

Hace alrededor de tres meses planteamos hipotéticamente que aplicando una política amplia y resuelta probablemente encontraríamos una cantidad de aliados entre los grupos socialistas de izquierda. Hace un mes o un mes y medio expresamos la posibilidad de que la ruptura con la Comintern facilitaría mucho el acercamiento a nosotros de grupos revolucionarios de origen socialdemócrata. ¿No es evidente que la Conferencia de París confirmó ambas conjeturas, y a una escala que nosotros mismos no podíamos haber supuesto hace dos o tres meses? En estas condiciones, quejarse de que todo terminó en negociaciones entre los dirigentes y afirmar que la nueva alianza carece de sentido revolucionario significa ignorar los procesos fundamentales que está viviendo el proletariado.

Pero resulta particularmente extraño (vulgarmente hablando) el argumento de que nos estamos volviendo hacia… la reconciliación con la socialdemocracia. Los stalinistas nos dirigen esa calumnia, y no por primera vez. ¿Con qué base se llevan esos "argumentos" al seno de nuestra propia organización? Sin embargo, examinémoslo más de cerca. No fuimos nosotros los que convocamos a la Conferencia de París. No asumimos la menor responsabilidad por su composición y el orden del día. Fuimos allí a plantear nuestras posiciones. ¿A lo mejor nuestra declaración contenía algunas concesiones a la socialdemocracia? ¡Que alguien se atreva a decirlo! Se entiende que la declaración firmada por las cuatro organizaciones no es nuestro programa. Pero define claramente el camino de la Cuarta Internacional en base a la lucha irreconciliable con la socialdemocracia, la ruptura total con el centrismo burocrático y una resuelta condena a todo intento de seguir la orientación de la Internacional Dos y Media. ¿Dónde están las concesiones a la socialdemocracia?

La Declaración de los Cuatro no da respuesta a todos los problemas programáticos y estratégicos, y en las circunstancias actuales no podía ser de otra manera. Es evidente que no se puede construir una nueva internacional en base a esta declaración. Pero no nos hemos planteado nada por el estilo. La propia declaración establece claramente que las organizaciones firmantes se comprometen a elaborar en un breve plazo un manifiesto programático, que sería el documento fundamental de la nueva internacional. Hay que hacer participar de este trabajo a todas nuestras secciones, a nuestras tres organizaciones aliadas, así como a todos los grupos y elementos simpatizantes. ¿Pretendemos acaso hacerle alguna concesión a la socialdemocracia en ese mani­fiesto? La declaración que los bolcheviques leninistas hicimos pública en la conferencia establece claramente las bases que proponemos para la redacción del mani­fiesto: las resoluciones de los cuatro primeros congresos de la Comintern, las "veintiún condiciones", los "once puntos" de la Oposición de Izquierda. Sólo el futuro dirá si surgen desacuerdos serios entre nosotros y nuestros aliados. Si así sucede, pelearemos por nues­tras posiciones. Hasta ahora nunca fuimos excesivamente flexibles tratándose de cuestiones de principios.

Los mismos críticos añaden también el siguiente ar­gumento: sólo se podrá construir la nueva internacional al calor del ascenso del movimiento revolucionario; ahora, en este ambiente de retroceso, todo intento en ese sentido está de antemano condenado al fracaso. Este profundo argumento histórico está enteramente tomado del estéril escolástico Souvarine[6] (el que, por lo que estoy enterado, dio mientras tanto un giro de ciento ochenta grados). Los bolcheviques proclamaron la necesidad de romper con la Segunda Internacional y preparar la Tercera en el otoño de 1914, es decir en medio de la tremenda desintegración de los partidos socialistas. En ese entonces tampoco faltaron los sa­bihondos que hablaban del "utopismo" (la palabra "burocratismo" no estaba tan en boga) de la consigna de la Tercera Internacional. Kautsky[7] fue mas lejos todavía con su famoso aforismo: "La internacional es un instrumento de paz y no de guerra." En realidad los críticos citados expresan la misma idea: "La internacional es un instrumento del ascenso y no del retroce­so." El proletariado necesita una internacional en todas las épocas y bajo todas las condiciones. Si hoy no hay Comintern, tenemos que decirlo abiertamente y comenzar de inmediato a preparar una nueva internacional. Por supuesto, cuándo podremos levantarla depende en­teramente de la marcha de la lucha de clases, del alza o reflujo del movimiento obrero, etcétera. Pero aun en las épocas de peor retroceso tenemos que prepararnos para el futuro ascenso orientando correctamente a nuestros cuadros. Los lamentos fatalistas sobre el retroceso objetivo a menudo reflejan un retroceso subjetivo.

Tomemos como punto de comparación las conferen­cias de Zimmerwald y Kienthal.[8] Necesariamente, participaron los "dirigentes" (en todo congreso participan los dirigentes). Por la cantidad de obreros directamente representados eran más débiles que la Conferencia de París. En Zimmerwald y Kienthal la mayoría estaba constituida por elementos centristas de derecha (Ledebour, que no podía resolverse a votar en contra del presupuesto de guerra, Hoffman, Bourde­ron, Merrheim, Grimm, Axelrod, Martov y otros).[9] Lenin creyó viable firmar el manifiesto del conjunto del congreso pese a lo difuso de este documento.[10]

En lo que respecta a la "Izquierda" de Zimmerwald era extremadamente débil. Después de la derrota de la fracción bolchevique en la Duma y en las organizacio­nes locales, el Partido Bolchevique no era más fuerte durante la guerra que la actual Oposición de Izquierda rusa. Los otros partidos de izquierda eran incompara­blemente más débiles que nuestros aliados de ahora. La situación general del movimiento obrero en las con­diciones creadas por la guerra parecía absolutamente desesperada. Sin embargo, los bolcheviques, así como el grupo de Nasche Slovo,[11] se orientaron hacia la Terce­ra Internacional desde el comienzo mismo de la guerra. Fue lo que posibilitó que se realizara la Revolución de Octubre.

Lo repetimos; Lenin creyó viable, en las condiciones existentes entonces, firmar un manifiesto contra la guerra junto con Ledebour, Bourderon, Grimm y Martov. Los bolcheviques leninistas no firmaron la resolución de la mayoría de la Conferencia de París y por supuesto no asumen ninguna responsabilidad por esta mayoría. ¿Es que la política de Lenin en Zimmer­wald y Kienthal fue... un giro hacia la socialdemocra­cia? Se puede plantear la objeción de que en un período de paz es necesario hacer una selección más estricta que en época de guerra. ¡Correcto! Ledebour y Bourde­ron se arriesgaron a firmar el manifiesto de Zimmer­wald, mientras que Tranmael y Cía. maniobran (ten­diéndole la mano derecha a la socialdemocracia escan­dinava y el dedo meñique de la izquierda a la Conferen­cia de París) sin correr ningún riesgo. Precisamente por esta razón nos negamos a firmar la vacua resolución de la mayoría de París. ¿Dónde están las concesiones a la socialdemocracia?

Sin embargo -nos dirán nuestros adversarios-, dos de nuestros aliados firmaron la resolución de la mayoría, demostrando de ese modo que todavía no han hecho su elección final. ¡Absolutamente correcto! Pero nosotros no asumimos ninguna responsabilidad por nuestros aliados, así como ellos no la asumen por nosotros. Los términos de nuestro acuerdo están claramente formulados y al alcance de todo el mundo. El futuro dirá de qué lado se colocarán finalmente nuestros aliados. Queremos ayudarlos a hacer la elección correcta. Una de las reglas más importantes de la estrategia revolucionaria dice: vigila a tu aliado tanto como a tu enemigo. Crítica mutua en base a la plena igualdad; aquí no hay ninguna diplomacia disimulada de los dirigentes; todo se hace y se hará ante los ojos de las masas, bajo su control, con el propósito de educarlas. No existen otros métodos de política revolucionaria.

También es aconsejable recordar otras normas de la política revolucionaria: no asustarse innecesariamente y no asustar a los demás sin causa, no hacer acusacio­nes falsas, no buscar la capitulación donde no existe, no remplazar la discusión marxista por las disputas sin principios. La experiencia demostró que en el momento en que una organización se dispone a salir del estrecho callejón a un terreno más amplio siempre aparecen elementos que se acostumbraron al callejón, conocen a todos sus vecinos y se ocupan de las noticias y rumores y de los terriblemente importantes "cambios de gabinete" de su propio medio limitado. Estos elementos sectarios y conservadores tienen mucho miedo de no poder aplicar sus habilidades en un terreno más amplio. En consecuencia, se aferran a las ruedas del coche tratando de hacerlo retroceder y justifican su trabajo esencialmente reaccionario con argumentos terriblemente "revolucionarios" y "principistas" Hemos tratado de considerar estos argumentos desde la perspectiva de la dialéctica marxista. Que los camaradas decidan cuál es su peso real.



[1] ¿Exito o fracaso?. The Militant, 30 de septiembre de 1933. Firmado "G. Gourov".

[2] Max Seydewitz (n. 1892) y Kurt Rosenfeld (1877-1943): eran dirigentes del ala izquierda de la socialdemocracia alemana, de la que fueron expulsados en 1931. Participaron en la fundación del Partido de los Trabajadores Socialistas (SAP), al que dirigieron durante un breve lapso. Después de la Segunda Guerra Mundial Seydewitz se convirtió en funcionario stalinista en Alemania Oriental.

[3] En noviembre de 1932, cuando Trotsky fue a Copenhague a dar una conferencia, se convocó rápidamente en esa ciudad una reunión informal de representantes de la Oposición de Izquierda. El Congreso de Amsterdam contra la guerra, que se llevó a cabo en agosto de 1932, fue una reunión impulsada por los stalinistas en la que la Oposición de Izquierda intervino con una crítica a ese tipo de congresos.

[4] Por cuestión de la Comintern entiende las diferencias entre el RSP y la Oposición de Izquierda, anteriores a 1933, sobre si había que continuar tratando de "reformar" a la Comintern o se debía construir nuevos partidos; el RSP tenía esta posición desde 1929.

[5] Las diferencias sobre la cuestión sindical perdieron su anterior aspereza, aunque no desaparecieron totalmente. [Nota de León Trotsky.]

[6] Boris Souvarine (n. 1893): fue uno de los fundadores del PC Francés y de los primeros biógrafos de Stalin. El stalinismo lo rechazó en la década del 20 y en la del 30 se volvió contra el leninismo. Para Trotsky era el prototipo del cinismo y el derrotismo característicos de los renegados del bolchevismo.

[7] Karl Kautsky (1854-1938): considerado el más notable teórico marxista hasta la Primera Guerra Mundial, cuando abandonó el internacionalismo y se opuso a la Revolución Rusa.

[8] En septiembre de 1915 en Zimmerwald y en abril de 1916 en Kienthal, ambas ciudades suizas, se reunieron dos conferencias con el objetivo de reagrupar a las corrientes internacionalistas y contrarias a la guerra que sobrevivieron a la debacle de la Segunda Internacional. Aunque la mayoría de los participantes eran centristas, estas conferencias fueron un avance en el camino hacia la formación de la nueva internacional.

[9] Georg Ledebour (1860-1947) y Adolf Hoffman eran miembros de la delegación alemana, Albert Bourderon (1859-1930) y Alphonse Merrheim (1871-1923) venían de Francia, Robert Grimm (1881-1958) era suizo y Paul Axelrod (1850-1925) y Iulius Martov (1873-1923) eran mencheviques rusos.

[10] Digamos de paso que algunos sabihondos hablan sin ton ni son del "Bloque de Agosto" de 1912, que estaba limitado nacionalmente, pero se olvidan del congreso internacional de Zimmerwald y de la analogía que éste ofrece. [Nota de León Trotsky.]

[11] Nasche Slovo (Nuestra Palabra) era un pequeño diario ruso que se publicó en París durante los dos primeros años de la Primera Guerra Mundial. Pese a la censura, sus redactores, entre los que estaba Trotsky, adoptaron una posición contraria a la guerra. A pedido del zarismo, aliado de Francia, se prohibió el periódico y a Trotsky se le dio orden de abandonar el país en septiem­bre de 1916; esta orden de deportación no fue revocada hasta 1933.



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