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Es imposible permanecer en la misma "internacional" con Manuilski, Lozovski y Cía.[1]

Una conversación

 

 

20 de julio de 1933

 

 

A: Es hora de romper con esa caricatura moscovita de internacional. Es imposible responsabilizarse políticamente, ni aun en lo mas mínimo, por los stalinistas. Fuimos muy prudentes y pacientes respecto a la Comin­tern, pero hay límites para todo. Ahora que Hitler se encaramó en el poder ante el mundo entero, sostenido de un lado por Wels[2] y del otro por Stalin; ahora que, a pesar de la catástrofe, la Comintern[3] declaró que su política es infalible, ninguna persona sensible puede albergar esperanzas de "reformar" a esta camarilla.

B: A la camarilla seguramente no, ¿pero a la Comin­tern de conjunto?

A: No hay que dejarse engañar por los conceptos ge­nerales. "La Comintern de conjunto" es una abstracción, por no decir una expresión vacía. Su control está en manos de la camarilla stalinista. Hace seis años que no se reúne un congreso.[4] ¿Quién pisoteó los estatu­tos? La camarilla. ¿Con qué derecho? Con el de la usur­pación. Ni una sola sección, ni una sola organización local, ni un solo periódico osaron decir nada sobre la necesidad de un congreso internacional. Esto significa que, de hecho, el destino de "la Comintern de conjun­to" está en manos de una camarilla irresponsable.

B: Eso es indiscutible. ¿Pero no sucedía lo mismo hace un año, cuando todavía levantábamos la consigna de reforma de la Comintern?

A: No. No se presentaba así la cuestión. Hace un año todavía se podía esperar salvar la situación en Alemania. Hicimos todo lo que estaba en nuestras manos para esclarecer la lógica de la situación.

Si la Comintern hubiera sido una organización viable, su dirección no podría haber dejado de oír la voz de los acontecimientos; no hay voz más potente. Que la Comintern haya seguido sorda implica que ya es un cadáver. Además en otro aspecto también se dio un cam­bio decisivo: el año pasado todavía existía el Partido Comunista Alemán. En medio de la vorágine de los grandes acontecimientos, todavía debía rendir cuentas ante las masas trabajadoras. Teníamos derecho a suponer, hasta que llegara la hora de la verdad, que el desarrollo de la lucha de masas haría cambiar completamente no sólo al Comité Central de Thaelmann[5] sino también al presidium de Stalin- Manuilski[6] Pero no fue así.

Del Partido Comunista Alemán no queda más que un aparato cada día más débil y alejado de las masas. Se llegó hasta el punto de que el Comité Central prohíbe a las organizaciones locales ilegales publicar sus propios artículos y proclamas; los comités locales están obligados a reproducir solamente las revelaciones de los Manuilskis y los Heckerts.[7] Para esta gente cualquier intento de pensar de manera independiente representa un peligro mortal. En realidad, para ellos el triunfo de Hitler no es una "derrota"; los liberó de todo control desde abajo... Ahora que desapareció de la escena el partido más fuerte de la Comintern no quedan medios, ni eslabones, ni palancas a través de los cuales actuar sobre la camarilla que la domina.

B: ¿Se puede decir que el Partido Comunista Ale­mán era el más fuerte de la Comintern? ¿Se olvida us­ted del Partido Comunista de la Unión Soviética (PC­US)?

A: No, no lo olvidé. Aun aceptando que el PCUS sea un partido (en realidad, varios partidos se combaten encubiertamente unos a otros dentro de sus cuadros administrativos, que cambian a voluntad de la camarilla, no es de ningún modo una sección activa de la Comintern. Los obreros soviéticos no tienen la menor idea de lo que pasa con el movimiento proletario de Occidente; no se les dice nada o, peor aun, se los engaña vilmente. Dentro del mismo Politburó,[8] dada su composición actual, no hay una sola persona que conoz­ca la vida y las tendencias del movimiento obrero de los países capitalistas.

Para nosotros, la consigna de "reforma" de la Co­mintern nunca fue una frase vacía. Considerábamos la reforma una realidad. Los acontecimientos tomaron el peor de los caminos. Precisamente por eso nos vemos obligados a plantear que la política de reforma ya está agotada.

B: Entonces, ¿es posible que dejemos a la burocra­cia centrista[9] como heredera de las banderas de la Comintern?

A: No hay que dejarse llevar por fórmulas ambi­guas. ¿Qué se entiende por banderas? ¿Un programa? Pero nosotros rechazamos ya hace mucho el programa votado por el Sexto Congreso por considerarlo una mezcla perniciosa de oportunismo y aventurerismo. Durante varios años, apoyándonos en las enseñanzas del proceso, contábamos con cambiar desde adentro el progra­ma de la Comintern. Ahora esta posibilidad desapa­reció junto con la de la "reforma". Al miserable y ecléctico programa de la Comintern tenemos que contraponerle nuestro programa marxista.

B: ¿Y los cuatro primeros congresos de la Comin­tern?

A: Naturalmente, no los abandonamos, sobre todo, dado que los stalinistas renunciaron a ellos desde hace mucho y nos los entregaron. Construiremos nuestro programa sobre las bases establecidas por los cuatro primeros congresos; constituyen un fundamento marxista irreprochable, nuestro fundamento. Sólo la Oposición de Izquierda tradujo al lenguaje del marxis­mo las lecciones de los últimos diez años. Nuestro pre­congreso internacional[10] resumió en sus once puntos esas lecciones. Sin embargo, hay allí una omisión. El precongreso se reunió en vísperas de la prueba decisiva a la que la historia sometió a la Comintern. En sus resoluciones no está presente el colapso total y concluyente de la Comintern. El congreso debe subsa­nar esa omisión. En lo que respecta a todo lo demás, las resoluciones del precongreso mantienen todo su vigor. Los elementos básicos del verdadero programa de la In­ternacional Comunista son los documentos principales de los cuatro primeros congresos más los once puntos de la Oposición de Izquierda.

B: Pese a todo nuestros adversarios dirán que renunciamos a las banderas de Lenin.

A: Nuestros adversarios lo vienen proclamando hace mucho tiempo, en voz tanto más estentórea cuan­to más hunden en el barro la herencia del bolchevismo.[11] En cuanto a nosotros, les diremos a los trabajadores de todo el mundo que asumimos la defensa de las banderas de Marx y Lenin, la continuación y el desarro­llo de su trabajo, en la lucha intransigente no sólo con­tra los traidores reformistas[12] -eso ni hace falta decirlo- sino también contra los stalinistas, esos falsi­ficadores centristas del bolchevismo, usurpadores del estandarte de Lenin, organizadores de derrotas y capi­tulaciones y corruptores de la vanguardia proletaria.

B: Entonces, ¿Qué hacer respecto al PCUS? ¿Y a la URSS? ¿No dirán los adversarios que consideramos perdidas las conquistas del estado obrero y que prepa­ramos la insurrección armada contra el gobierno soviético?

A: Seguro que lo dirán. Ya hace tiempo que lo di­cen. ¿De qué otro modo pueden justificar sus indignas persecuciones a los bolcheviques leninistas? Pero nues­tra guía no son las calumnias de los adversarios sino el curso real de la lucha de clases. La Revolución de Octu­bre, con el Partido Bolchevique a la cabeza, creó el estado obrero. El Partido Bolchevique ya no existe. Pero lo fundamental del contenido social de la Revolu­ción de Octubre todavía está vivo. La dictadura buro­crática, no obstante los éxitos técnicos logrados (a pesar de sí misma), facilita en gran medida la posibili­dad de la restauración capitalista pero afortunadamente todavía no se llegó hasta el punto de la restauración. Bajo condiciones internas favorables, y sobre todo in­ternacionales, se podrá regenerar la estructura del estado obrero sobre los fundamentos sociales de la Unión Soviética sin que medie una nueva revolución.

Durante mucho tiempo supusimos que podríamos regenerar al propio PCUS y por su intermedio al régimen soviético.[13] Pero el actual partido [comunista] oficial se parece mucho menos que hace uno o dos años a un partido. Hace más de tres años que no se reúne el congreso partidario, y nadie dice nada al respecto.[14] La camarilla stalinista está liquidando y reconstruyendo su "partido" como si fuera un batallón disciplinario. Con las purgas y expulsiones se intentó al principio desor­ganizar el partido, aterrorizarlo, privarlo de la posibi­lidad de pensar y actuar; ahora el objetivo de la repre­sión es impedir la reorganización partidaria. Sin embar­go, el partido proletario es indispensable para que el estado soviético siga viviendo. Hay muchos elemen­tos que le son favorables, saldrán a luz y se unificarán en la lucha contra la burocracia stalinista. Hablar ahora de "reformar" el PCUS implica mirar hacia atrás, no hacia delante, llenarse la cabeza con fórmulas huecas. En la URSS hay que construir de nuevo el Partido Bolchevique.

B: ¿No es ése el camino a la guerra civil?

A: La burocracia stalinista ordenó la guerra civil contra la Oposición de Izquierda todavía en la época en que estábamos, sinceramente, muy convencidos, a favor de la reforma del PCUS. ¿Qué significan los arres­tos, las ejecuciones, las deportaciones, si no una guerra civil, por lo menos embrionaria? En la lucha contra la Oposición de Izquierda la burocracia stalinista se convirtió en un instrumento de las fuerzas contrarre­volucionarias, aislándose así de las masas. Ahora la guerra civil está planteada con otra orientación: entre la contrarrevolución a la ofensiva y la burocracia stalinista a la defensiva. En la lucha contra la contrarrevolución, los bolcheviques leninistas, evidentemente, serán el ala izquierda del frente soviético. De esta situación resul­tará un frente de lucha junto con los stalinistas. Sin embargo, no hay que pensar que en esta lucha la burocracia stalinista actuará homogéneamente. En el momento decisivo se hará pedazos y sus elementos componentes se reunirán de nuevo en los dos bandos opuestos.

B: Entonces, ¿es inevitable la guerra civil?

A: Ya se está librando. Y se agudizará de mantenerse el proceso actual. Con la impotencia cada vez mayor de la Comintern, con la parálisis de la vanguardia proletaria internacional y, en estas condiciones, con el inevitable avance del fascismo mundial, el triunfo de la contrarrevolución sería inevitable en la URSS. Natu­ralmente, los bolcheviques leninistas seguirán traba­jando en la URSS pese a las condiciones imperantes. Pero lo único que podrá salvar al estado obrero será la intervención del movimiento revolucionario mundial. Nunca en la historia las condiciones objetivas para esta regeneración han sido tan favorables como ahora. Lo que falta es el partido revolucionario. La camarilla stalinista únicamente puede gobernar destruyendo el partido, tanto en la URSS como en el resto del mundo. Sólo se puede salir de este círculo vicioso rompiendo con la burocracia stalinista. Hay que construir un nuevo partido, bajo una bandera limpia.

B: ¿Cómo podrán influir sobre la burocracia stali­nista de la URSS los partidos revolucionarios del mundo capitalista?

A: Todo es un problema de fuerza real. Vimos cómo la burocracia stalinista se arrastró ante el Kuomintang,[15] ante los sindicatos ingleses.[16] Vemos cómo se arrastra ahora, incluso, ante los pacifistas pequeño­burgueses.[17] Partidos revolucionarios fuertes, verda­deramente capaces de combatir al imperialismo y en consecuencia de defender a la URSS, obligarán a la burocracia stalinista a reconocerlos. Mucho mas impor­tante es el hecho de que estas organizaciones ganarán una enorme autoridad ante los obreros soviéticos, creando así, finalmente, las condiciones favorables para el resurgimiento de un genuino partido bolchevi­que. Sólo por este medio será posible la reforma del estado soviético sin una nueva revolución proletaria.

B: En consecuencia, abandonamos la consigna de reforma del PCUS y construimos el nuevo partido como instrumento para la reforma de la Unión Soviética.

A: Perfectamente correcto.

B: ¿Nos alcanzan las fuerzas para emprender una tarea tan grandiosa?

A: El problema está incorrectamente planteado. Es necesario formular primero clara y valientemente el problema histórico y luego reunir las fuerzas para resolverlo. Es cierto que todavía somos débiles. Pero eso no significa en absoluto que la historia nos permitirá demorarnos. Una de las raíces psicológicas del oportu­nismo es el temor a las grandes tareas, es decir la desconfianza en las posibilidades revolucionarias. Sin em­bargo, las grandes tareas no caen del cielo; surgen del proceso de la lucha de clases. Precisamente en estas condiciones debemos buscar las fuerzas para la reali­zación de los grandes objetivos.

B: ¿Acaso la sobrestimación de las propias fuerzas no conduce a menudo al aventurerismo?

A: Es cierto. Seria aventurerismo puro "proclamar" que nuestra organización actual es la Internacional Comunista o, utilizando este rótulo, unirnos mecánicamente con las otras organizaciones opositoras. Es im­posible "proclamar" una nueva internacional; la perspectiva presente todavía es la de construirla. Pero desde hoy podemos y debemos proclamar la necesidad de crear una nueva internacional.

Ferdinand Lasalle,[18] al que no le eran extraños el oportunismo ni el aventurerismo, expresó sin embargo a la perfección el requisito fundamental de una política revolucionaria: "Toda gran acción comienza cuando se plantean las cosas como son". Antes de responder concretamente a las preguntas que surgen sobre la cuestión -cómo se construye una nueva internacional, qué métodos aplicar, qué plazos fijarse- hay que plantear abiertamente en qué estamos: la Comintern está muerta para la revolución.

B: ¿En su opinión, ya no caben dudas sobre este punto?

A: Ni la sombra de una duda. Todo el proceso de la lucha contra el nacionalsocialismo,[19] las consecuencias de esa lucha y las lecciones que de ella se derivan indi­can tanto la total bancarrota de la Comintern como su incapacidad orgánica para aprender, para rectificar su camino, es decir para "reformarse". La lección alema­na no sería tan irrefutable y aplastante si no fuera la culminación de una historia de diez años de oscilaciones centristas, de errores perniciosos, de derrotas cada vez más desastrosas, de sacrificios y pérdidas cada vez más infructíferos, y -junto con eso- de total liquidación teórica, degeneración burocrática, charlatanería, desmoralización, engaño a las masas, falsificaciones cons­tantes, liquidación de revolucionarios, encubrimiento de funcionarios, mercenarios y simples lacayos. La actual Comintern no es mas que un costoso aparato para liquidar a la vanguardia proletaria. ¡Eso es todo! No es capaz de hacer otra cosa.

Allí donde la situación de la democracia burguesa deja ciertos márgenes, los stalinistas, gracias a su aparato y su dinero, simulan actividad política. Muen­zenberg[20] se convirtió en una figura simbólica de la Comintern. ¿Y quién es Muenzenberg? Es un Oustric[21] del campo "proletario". Huecas e inadecuadas consig­nas, un poquito de bolchevismo, un poquito de libera­lismo, un borreguil público periodístico, salones literarios donde la amistad hacia la URSS se paga a buen precio, una fingida hostilidad hacia los reformistas que fácilmente se trueca en amistad hacia ellos (Bar­busse);[22] y, fundamentalmente mucho dinero y nada que ver con las masas trabajadoras: eso es Muenzen­berg. Los stalinistas viven políticamente de los favores de la democracia burguesa, a la que, además le exigen que aplaste a los bolcheviques leninistas. ¿Es que se puede caer mas bajo?... Sin embargo, ni bien la burguesía levanta seriamente el puño fascista, o simplemente el policial, el stalinismo pone el rabo entre las patas y obedientemente se retira de la escena. La Comintern agonizante ya no le puede dar al proletariado mundial nada, absolutamente nada, que no le sea perjudicial.

B: Es imposible no reconocer que la Comintern como aparato central se ha convertido en un freno del movimiento revolucionario y que la reforma del aparato es totalmente irrealizable independientemente de las masas. Pero, ¿qué ocurre con las secciones nacionales? ¿Están todas en la misma etapa de degeneración y decadencia?

A: Después de la catástrofe alemana vimos cómo en Austria y en Bulgaria se liquidaba a los partidos stali­nistas sin ninguna resistencia de las masas.[23] Si bien la situación es más favorable en unos países que en otros, la diferencia no es muy grande. Pero suponga­mos que la Oposición de Izquierda conquista a una u otra sección de la Comintern; al día siguiente, si no la noche antes, se expulsará de la Comintern a esa sección y tendrá que buscarse una nueva internacional (algo similar a lo que sucedió en Chile).[24] Situaciones de este tipo se dieron también durante el surgimiento de la Tercera Internacional; por ejemplo, el Partido Socialista francés se convirtió oficialmente en Partido Comunista. Pero eso no cambió la orientación general de nuestra política hacia la Segunda Internacional.[25]

B: ¿No cree usted que miles de "stalinistas" que simpatizan con nosotros se replegarán atemorizados cuando se enteren de que finalmente rompemos con la Comintern?

A: Es posible. Incluso es muy probable. Pero tanto mas resueltamente se unirán a nosotros en la próxima etapa. Por otra parte, no hay que olvidar que en todos los países hay miles de revolucionarios que abandonaron el partido oficial o fueron expulsados de él y no se unieron a nosotros principalmente porque éramos sólo una fracción del mismo partido con el que habían roto. Una cantidad mucho mayor de trabajadores están rom­piendo ahora con el reformismo y buscando una direc­ción revolucionaria. Finalmente, entre la putrefacción de la socialdemocracia y el naufragio del stalinismo se levanta una joven generación de trabajadores que nece­sita un estandarte sin mácula. Los bolcheviques leni­nistas pueden y deben constituirse en el núcleo alrede­dor del cual cristalicen estos numerosos elementos. Entonces, todo lo que quede vivo en la "internacional" stalinista sacudirá sus últimas dudas y se unirá a noso­tros.

B: ¿No teme usted que dentro de su propia base haya oposición a la nueva orientación?

A: Al principio será absolutamente inevitable. En muchos países el trabajo de la Oposición de Izquierda está fundamental, si no absolutamente, ligado al parti­do oficial [comunista]. Penetró muy poco en los sindica­tos y se desinteresó casi totalmente de lo que sucede dentro de la socialdemocracia. ¡Es hora de terminar con el propagandismo estrecho! Es necesario que cada miembro de nuestra organización piense profundamen­te el problema. Los acontecimientos nos ayudarán; cada día que pasa nos proporcionará argumentos irrefu­tables sobre la necesidad de crear una nueva interna­cional. No dudo de que si realizamos este giro, simultá­nea y decididamente, se nos abrirán amplias perspec­tivas históricas.



[1] Es imposible permanecer en la misma "internacional" con Stalin, Manuilski, Lozovski y Cía. Boletín Interno, Communist League of America (CLA, Liga Comunista de Norteamérica) N° 13, 1933. La Liga Comunista de Norteamérica era ala sección norteamericana de la Oposición de Izquierda Internacional (bolcheviques leninistas). Firmado "G. Gourov". Este artículo polémico, redactado en forma de conversación, fue escrito mientras Trotsky estaba en viaje de Turquía a Francia. Cuando dice "nosotros" se refiere a la Oposición de Izquierda Internacional (ILO), a cuyos militantes estaba dirigido el artículo.

[2] Otto Wels, (1873-1939): era dirigente de la socialdemocracia alemana. Siendo comandante militar de Berlín aplastó en 1919 la insurrección espartaquista, posteriormente encabezó la delegación socialdemócrata al Reichstag hasta que Hitler se apoderó totalmente del poder en 1933.

[3] La Comintern (Internacional Comunista o Tercera Internacional) se organizó bajo la dirección de Lenin como continuadora revolucionaria de la Segunda Internacional. En la época de Lenin se reunían los congresos mundiales, aproximadamente, una vez por año -el primero en 1919, el segundo en 1920, el tercero en 1921, el cuarto en 1922-, pese a la Guerra Civil y a la inseguridad reinante en la Unión Soviética. Trotsky consideró las tesis de los cuatro primeros congresos de la Comintern la piedra fundamental programática de la Oposición de Izquierda y más tarde de la Cuarta Internacional. El quinto congreso, ya con el aparato controlado por Stalin, se reunió en 1924, el sexto tan solo en 1928 y el séptimo en 1935. Trotsky llamó al séptimo "el congreso de liquidación" de la Comintern (ver Escritos 1935-1936), y en realidad fue el último antes de que Stalin anunciara su disolución en 1943, en un gesto de complacencia hacia sus aliados imperialistas.

[4] Trotsky comete un error aquí: el Sexto Congreso de la Comintern se reunió en 1928, cinco años antes de que escribiera este artículo.

[5] Ernst Thaelmann (1886-1945): dirigente del Partido Comunista Alemán, su candidato a presidente y soporte de la política del Kremlin que condu­jo al triunfo de Hitler. Arrestado por los nazis en 1933, fue ejecutado en Buchenwald en 1945.

[6] Dimitri Manuilski (1883-1952): pertenecía, igual que Trotsky, al grupo marxista independiente Mezhraiontzi (Grupo Interdistrital), que se fusionó con el Partido Bolchevique en 1917. En la década del 20 apoyó a la fracción de Stalin y entre 1931 y 1943 fue secretario de la Comintern.

[7] Fritz Heckert (1884-1936): fue el dirigente del PC Alemán encargado de informar sobre la situación alemana en una reunión del Comité Ejecutivo de la Comintern llevada a cabo el 1° de abril de 1933. Obedientemente alabo a Stalin y calumnió a Trotsky, "el socio de Hitler", mientras el Comité Ejecutivo aprobaba con obsecuencia la política del PC Alemán de "antes y durante el golpe de estado de Hitler".

[8] El Buró Político (Politburó) era el organismo dirigente del Partido Comunista soviético, aunque formalmente subordinado al Comité Central. En 1933 formaban parte de él Stalin, Voroshilov, Kaganovich, Kalinin, Kirov, Kosior, Kuibishev, Molotov, Orjonikije y Andreiev.

[9] Centrismo es un término utilizado por Trotsky para denominar a las tendencias del movimiento de izquierda que oscilan entre el reformismo, que es la posición de la aristocracia y la burocracia obreras y el marxismo, que representan los intereses históricos de la clase obrera. Como una tendencia centrista no tiene una base social independiente, hay que caracterizarla de acuerdo a su origen, su dinámica interna y la dirección hacia la que se orienta o hacia la que la empujan los acontecimientos. Hasta 1935, Trotsky consideró al stalinismo como una variedad especial del centrismo -centrismo burocrático-. Posteriormente consideró que este término era inadecuado para describir la transformación de la burocracia soviética. En una cartas James P. Cannon del 10 de octubre de 1937 decía: "Algunos compañeros continúan caracterizando al stalinismo como ’centrismo burocrático’. Ahora esta caracterización está totalmente superada. En el terreno internacional el stalinismo ya no es centrismo sino la forma más cruda del oportunismo y del socialpatriotismo. ¡Recordemos España!"

[10] El precongreso internacional de la Oposición de Izquierda Internacional se reunió en París del 4 al 8 de febrero de 1933. Entre otras resoluciones, aprobó un documento escrito por Trotsky en diciembre de 1932, La Oposición de Izquierda Internacional, sus objetivos y métodos, que incluía una declaración de once puntos que sintetizaban las posiciones básicas de la Oposición (ver Escritos 1932-1933). El décimo punto, que reafirmaba la política de trabajar por la reforma de la Comintern, señalaba la "diferenciación de tres grupos dentro del campo comunista, el marxista, el centrista y la derecha. Reconoci­miento de la inadmisibilidad de una alianza política con la derecha contra el centrismo, apoyo al centrismo contra el enemigo de clase, lucha irreconcilia­ble y sistemática contra el centrismo y su política zigzagueante". En julio, poco antes de partir para Turquía, Trotsky escribió una enmienda al décimo punto, que llamaba a "la lucha por el reagrupamiento de las fuerzas revolucionarias del movimiento obrero mundial bajo las banderas del comunismo internacional. Reconocer la necesidad de crear una genuina internacional comunista, capaz de aplicar los principios ya mencionados". En agosto de 1933, un plenario de la dirección de la Oposición Internacional aprobó la enmienda.

[11] El bolchevismo y el menchevismo fueron las dos tendencias fundamentales que se formaron en el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, sección de la Segunda Internacional, después de su Segundo Congreso, reunido en 1903. Los bolcheviques, dirigidos por Lenin, y los mencheviques, dirigidos por Martov, se transformaron, luego, en partidos separados y en 1917 terminaron en lados opuestos de la barricada.

[12] El reformismo es la teoría y la práctica del cambio gradual, pacífico y parlamentario (en oposición a la revolución) como mejor o único medio de pasar del capitalismo al socialismo. En consecuencia, los reformistas tratan de suavizar la lucha de clases y promover la colaboración de clases. La lógica de su posición los lleva a colocarse junto a los capitalistas y en contra de los obreros y los pueblos coloniales que intentan hacer la revolución.

[13] Le explicación de Trotsky de por qué él y la Oposición de Izquierda cambiaron de opinión sobre este problema y comenzaron a plantear la revolución política en la Unión Soviética se encuentra en La naturaleza de clase del estado soviético, escrito el 1° de octubre de 1933, publicado en este volumen.

[14] El Decimosexto Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética se reunió en junio y julio de 1930. Hasta 1934 no se hizo otro congreso.

[15] El Kuomintang (Partido del Pueblo) de China fue el partido nacionalista burgués fundado en 1911 por Sun Yat-sen y dirigido después en 1926 por Chiang Kai-shek, carnicero de la revolución de 1925-1927 y gobernante del país hasta 1949, cuando lo derrocó la Revolución China.

[16] Se refiere al Comité sindical Anglo-Ruso, constituido en mayo de 1925 por representantes sindicales soviéticos y británicos. Los británicos lo utilizaron como un recurso barato para demostrar su "progresismo" y prevenirse contra las críticas de la izquierda, recurso que les fue especialmente útil de ese momento, poco antes de la huelga general de 1926. El comité se deshizo cuando los ingleses, que ya no lo necesitaban, se retiraron en 1927.

[17] Se refiere a los ostentosos congresos y desfiles que en ese entonces organizaban los stalinistas "contra la guerra" y "contra el fascismo", en colaboración con distintos pacifistas y liberales, como sustitutos del frente único, que es una actividad de la clase obrera. Los principales congresos de este tipo se reunieron en agosto de 1932 en Amsterdam (por eso a veces se lo llamaba el movimiento de Amsterdam) y en junio de 1933 en el teatro Pleyel de París.

[18] Ferdinand Lasalle (1825-1864): una de las principales figuras del movimiento obrero alemán, fundador del Sindicato General de Obreros Alemanes. Sus seguidores formaron, junto con los primeros marxistas, la socialdemocracia alemana.

[19] Nacionalsocialismo era el rótulo del Partido Nazi alemán.

[20] Willi Muenzenberg (1889-1940): uno de los organizadores de la Internacional Juvenil Comunista, dirigió muchas campañas propagandísticas para el PC Alemán y el Kremlin. Rompió con los stalinistas en 1937 y se lo encontró muerto en Francia en la época de la invasión alemana.

[21] Albert Oustric: banquero francés cuyas especulaciones arruinaron a muchos bancos y llevaron en 1930 a la caída del gabinete Tardieu.

[22] Henri Barbusse (1873-1935): novelista pacifista que se afilió al Partido Comunista Francés, escribió biografías de Stalin y de Cristo y apoyó amorfos congresos contra la guerra y contra el fascismo utilizados por los stalinistas parta reemplazar la verdadera lucha.

[23] El canciller austríaco Dollfuss liquidó al Partido Comunista en mayo de 1933. En Bulgaria se dictaron severas medidas represivas contra el Partido Comunista.

[24] Después que Hitler tomó el poder en 1933, el Partido Comunista de Chile votó afiliarse a la Oposición de Izquierda con el nombre de Izquierda Comunista de Chile, pero en realidad no fue todo el partido sino solo una fracción quien dio ese paso.

[25] La Segunda Internacional (o Internacional Obrera y Socialista) se organizó en 1889 como sucesora de la Primera Internacional (o Asociación Obrera Internacional), que existió en 1864 a 1876, dirigida por Karl Marx. La Segunda Internacional fue una asociación libre de partidos nacionales socialdemócratas y obreros que nucleaban tanto a elementos revolucionarios como reformistas; su sección mas fuerte, la que gozaba de mayor autoridad, era la socialdemocracia alemana. Su rol progresivo terminó en 1914, cuando sus principales secciones violaron los más principales principios socialistas y apoyaron a sus propios gobiernos imperialistas en la Primera Guerra Mundial. Desapareció durante la guerra pero en 1923 revivió como organización totalmente reformista.



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