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El pleno de julio y el peligro de derecha

El pleno de julio y el peligro de derecha1
23 de julio de 1928

El informe presentado por Rikov el 13 de julio a la reunión de militantes en Moscú sobre el balance del pleno de julio del Comité Central, constituye un evento de importancia política capital. Esta es una intervención que expone un programa y que emana del representante más autorizado del ala derecha, que lleva su bandera, si no enteramente desplegada, al menos desenrollada por la mitad. Rikov, en su informe, no se ha detenido ni un instante en el programa de la I.C.; incluso no lo ha mencionado. Consagró su exposición únicamente a la cuestión del almacenamiento de trigo. Por eso tiene toda razón en que su informe sea el de un triunfador. La derecha sale totalmente victoriosa de la primera escaramuza con el centro, después de cuatro o cinco meses de política “de izquierda”. El pleno de julio del Comité Central marca la primera victoria visible de Rikov sobre Stalin, conseguida, es verdad, con el consentimiento de este último. La idea esencial del informe Rikov es que el desplazamiento hacia la izquierda que se produjo en febrero no era más que un episodio, debido a circunstancias extraordinarias, que este episodio debe ser enterrado, que hay que clasificar en los archivos no sólo el artículo 1072 sino también el de la Pravda de febrero3, que hay que abandonar el antiguo curso, girando, no a la izquierda, sino a la derecha, y que cuanto más brutal sea ese viraje, mejor será. Para abrirse paso, Rikov confiesa (imposible hacer otra cosa, frente a los hechos acusadores) tres de sus pequeños errores: “En primer lugar, cuando surgió la crisis, estimé que era menos profunda de lo que era en realidad; pero, en segunda instancia, pensaba que, gracias a las medidas extraordinarias, llegaríamos a triunfar, completamente, sobre esta crisis de abastecimiento de trigo. No lo hemos alcanzado. En tercer lugar, esperaba que todo la campaña de abastecimiento de cereales se desarrollara apoyándose en los campesinos pobres, y manteniendo de manera muy estable el lazo con la masa de campesinos medios. En este punto, también me he equivocado”.
Y sin embargo, esta crisis de abastecimiento, con todos los fenómenos políticos que la acompañan, había sido prevista por la Oposición en sus Contratesis4 , que demostraban exactamente a Rikov lo que él no comprendía ni preveía. Era precisamente para evitar estas medidas administrativas tardías y excesivas, tomadas apresuradamente y sin coordinación, que la Oposición propuso a tiempo pedirles a los elementos ricos de las aldeas un préstamo forzoso en trigo. La medida tenía, por cierto, un carácter excepcional. Toda la política precedente la había hecho inevitable: si el préstamo hubiera sido lanzado a tiempo y metódicamente, habría reducido al mínimo los excesos administrativos que constituyen un precio demasiado elevado para muy modestos éxitos materiales. Las medidas de violencias administrativa no tienen nada en común con un curso justo. Son el precio a pagar por una orientación errónea. El intento de Rikov de atribuir a la Oposición una tendencia a eternizar los procedimientos “a lo Rikov”, agotados en el arsenal del comunismo de guerra, es totalmente absurda. Desde sus inicios, la Oposición ha considerado a las pesquisas en las granjas, al restablecimiento de los destacamentos de requisas, etc. no como el comienzo de un nuevo curso, sino como el fracaso del antiguo. El artículo 107 para el abastecimiento no es el instrumento del curso leninista, es uno de los soportes de la política de Rikov. Al intentar presentar las medidas administrativas de desorganización de la economía, de las que era enteramente responsable, como el programa de la Oposición, Rikov actúa como todos los políticos pequeño burgueses que, en casos semejantes, azuzan siempre al campesino contra el comunista, presentándolo como un bandido y un expropiador. ¿Qué significaba el nuevo viraje de febrero? Era la confesión del retraso sufrido por la industria, de la diferenciación que amenaza en el campo, y del terrible peligro del kulak. ¿Que es lo que había que deducir para fijar la nueva línea de conducta? Había que hacer un cambio en la repartición del ingreso nacional, destinando una parte de lo que hasta ahora se destinaba al kulak para la industria, desplazándola del capitalismo hacia el socialismo, acelerando el desarrollo de la industria, tanto de la pesada como de la ligera. Contrariamente al artículo de febrero de la Pravda (el que no hacía más que repetir los argumentos de la Oposición sobre esta cuestión), Rikov ve la causa de la crisis de abastecimiento, no en el retraso del desarrollo industrial, sino más bien en el de la agricultura. Suministrar semejante explicación, es burlarse del partido y de la clase obrera, es equivocarse para justificar un giro a la derecha. Es la vieja manera de plantear el problema, a la manera de los profesores ustrialovistas. No se puede discutir que nuestra agricultura está excesivamente parcelada, dispersa, detenida, que tiene un carácter bárbaro, que este retraso es la causa fundamental de todas las dificultades. Pero, basándose en eso, como lo hace Rikov, exigir una transferencia de recursos financieros desde la industria hacia la economía campesina individual, es elegir, no sólo el camino de la burguesía, sino el de la burguesía agraria, reaccionaria, es presentarse como una caricatura soviética de los “amigos del pueblo” de los zemstvos de 18805. La agricultura no puede ser reanimada más que con la ayuda de la industria. No existe otro incentivo. Sin embargo, nuestra industria tiene un tremendo retraso en la economía campesina, que es, ante nosotros, excesivamente parcelada, detenida, bárbara: el retraso de la industria se constata no sólo en relación a las aspiraciones históricas generales de la economía campesina, sino también en comparación a la capacidad de compra de ésta. Confundir estas dos cuestiones, una que alcanza al retraso histórico general del campo sobre la ciudad, y otra sobre el retraso de las ciudades en relación a las necesidades de mercancías que se manifiestan hoy en las aldeas, es capitular y renunciar a la hegemonía de las ciudades sobre el campo.
Nuestra agricultura, en su forma actual, está infinitamente atrasada, incluso en comparación con la misma industria, que también está muy retrasada. Pero concluir que esta consecuencia del juego, durante siglos, de la ley del desarrollo desigual de las diversas partes de la economía, puede ser vencida, o al menos atenuada, por la reducción de los ya reducidos fondos destinados a la industrialización, equivaldría a combatir el analfabetismo cerrando los establecimientos de enseñanza superior. Esto sería hacer mella en el armazón mismo del progreso de la Historia. Aunque la industria tenga un tipo de producción y de técnica infinitamente superior a la de la agricultura, no sólo no está a la altura de jugar un rol de dirección y de transformación -verdadero rol socialista- frente al campo, sino que ella misma no es capaz de satisfacer a las necesidades corrientes del mercado de las aldeas, y retarda de ese modo, el desarrollo.
Precisamente sobre esa base se ha agravado la crisis de abastecimiento de trigo: de ninguna manera ha sido causada por el carácter retrasado histórico general del campo, ni por un pretendido progreso demasiado rápido en la industria. El 15 de febrero, la Pravda nos enseñaba que tres años “no habían pasado sin dejar huellas”, que el campo, es decir, esencialmente el kulak, se había enriquecido; frente al retraso del desarrollo de la industria, esto debía llevar inevitablemente a la crisis de abastecimiento de trigo. Contradiciendo completamente esa interpretación, Rikov estima que el error cometido en el curso de los últimos años por la dirección del partido, ha sido, por el contrario, el haber forzado exageradamente la industrialización, piensa que es necesario aminorar el paso, disminuir la parte del ingreso nacional, y que los fondos así liberados deben ser utilizados como subsidios para la economía rural, particularmente su forma individual que predomina. Con tales métodos Rikov espera, en un breve plazo, duplicar la cosecha por hectárea. Pero hace silencio sobre los medios que permitirían realizar en el mercado esta cosecha así duplicada, es decir, intercambiarla con los productos de la industria cuyo paso de desarrollo habría aminorado más aún. Es imposible que Rikov no se haga esta pregunta. Una cosecha duplicada correspondería a una capacidad quintuplicada o decuplicada de absorción de mercancías por la economía rural; la falta de productos industriales sería, de esta manera, varias veces multiplicada. Rikov no puede comprender esta correlación tan simple. ¿Por qué no nos revela entonces el secreto que le permitiría en el futuro superar esta desproporción que aumentará de forma monstruosa? Porque su hora aún no ha llegado. Para los políticos de la derecha, la palabra es dinero, pero el silencio es oro. Rikov ya ha gastado demasiado dinero en su informe. Pero no es difícil adivinar lo que vale su oro. El aumento de la capacidad de absorción de mercancías por la economía rural, frente a un desarrollo aminorado de la industria, equivale simplemente a un crecimiento de la importación de productos fabricados en el extranjero, destinados tanto a las ciudades como al campo. No existe ni puede existir otro camino. Por el contrario, la necesidad de encarar este único camino se volverá tan apremiante, la presión de la desproporción creciente se hará tan amenazadora que Rikov se decidirá a sacar partido de su reserva en oro y exigirá bien alto la abolición -o una reducción equivalente a la abolición- del monopolio del comercio exterior.
Este es precisamente el plan de la derecha que preveía nuestra plataforma. A partir de ahora, es llevado abiertamente a la tribuna, si no íntegramente, al menos en una de sus partes esenciales. Así es lo que resulta de todo el discurso de Rikov, el aumento de los precios del trigo es una cosa hipotética en este plano. Es ante todo una prima al kulak. Permite arrastrar con él con más seguridad aún al campesino medio: “Como verás, me he hecho pagar los daños causados por el artículo 107. Sólo luchando conquistaremos nuestros derechos, como dicen nuestros maestros socialistas revolucionarios”. Hay que suponer que los funcionarios al corriente de estos asuntos consuelan a los políticos, asegurándoles que será posible recuperar en otras materias primas suministradas por los campesinos lo que hubiera sido pagado de más sobre el trigo. Pero tales consideraciones son una charlatanería. En primer lugar, el obrero consume pan y no materias primas utilizadas por la técnica: el aumento del precio de trigo golpeará, entonces, inmediatamente el presupuesto del obrero. En segundo lugar, no se logrará mejor recuperar sobre los otros productos suministrados por los campesinos, si se toma la decisión de hacer olvidar a golpes de rublos las consecuencias de los zigzags a izquierda. En general, las maniobras de investigación se realizan con más pérdidas que ganancias. Es más cierto aún en una retirada tan desordenada como la que recibe la impronta de las decisiones de julio y de las resoluciones de febrero.
El alza del precio de los granos, incluso concebido como una medida excepcional y extraordinaria, como una suerte de artículo 107 a la inversa, oculta un peligro enorme: no hace más que acentuar las contradicciones que han dado nacimiento a la crisis de la recolección. Este alza de precios no golpea únicamente a los consumidores, es decir a los obreros y a los campesinos pobres, cuya recolección no basta a su consumo personal. No sólo es un excedente para el kulak y el campesino acomodado, sino un nuevo aumento de la desproporción. Si los productos industriales ya faltaban con el viejo precio de los granos, estas penurias se agravarán más aún luego del alza de los precios y la de la cantidad de grano recolectado. Esto significará un nuevo agravamiento de la escasez de bienes y el crecimiento continuo de la diferenciación social en el campo. Combatir la crisis de los granos aumentando su precio es entrar de manera decisiva en el camino de la devaluación de los chervonets (en otros términos, es aplacar la sed con agua salada). Lo mismo ocurriría si esta medida era una medida aislada y excepcional. Pero, en el pensamiento de Rikov, este alza de precios no es de ningún modo una medida excepcional. Es una de las partes esenciales de la política de Rikov de deslizamiento hacia el retorno al capitalismo. En esta vía, la inflación monetaria no es más que un detalle técnico.
Con respecto al peligro de inflación, Rikov dice con un tono lleno de segundas intenciones: “Por el momento, el poder adquisitivo del rublo permanecerá firme”. ¿Qué significa “por el momento”? Esto significa: hasta la venta de la nueva cosecha a precios más elevados frente a la escasez de productos industriales. Pero cuando continúe la inflación, Rikov dirá a los obreros, cuyos salarios bajarán ahora inevitablemente, tras esta situación: “Ustedes recordarán que yo había dicho ‘por el momento’”. Y comenzará a desarrollar la parte del programa sobre la que actualmente se queda mudo. Es imposible resolver la crisis comprometiéndose en la vía de una neo NEP sin golpear el monopolio del comercio exterior.
Mientras Rikov celebraba su triunfo, Stalin, el vencido, tomaba la palabra en Leningrado. En este discurso lleno de impotencia (verdaderamente era lamentable de leer), Stalin describe el bono de inflación acordado ahora a los elementos superiores de las aldeas a costa de los obreros y campesinos pobres, como una nueva consolidación de la smytchka que unía la ciudad y el campo (¿cuántos hemos visto ya hasta ahora?). Stalin no trataba ni siquiera de demostrar cómo intenta escapar de las contradicciones que se cierran sobre él. Acaba de emerger de las dificultades provocadas por el artículo 107 y se prepara para embrollarse con el alza de precios. Stalin repite simplemente las mismas frases generales sobre la smytchka que ya ha repetido ad nauseam. Como si se pudiera resolver el problema de la smytchka por una frase, una fórmula, una promesa, como si se pudiera creer (es decir, todos salvo los funcionarios dóciles de Stalin) que, si la próxima cosecha es buena, podrá milagrosamente superar la desproporción que sólo ha sido agravada por las tres cosechas precedentes. Stalin tiene miedo a la solución de Rikov, de derecha, pero tiene mucho más miedo aún a la solución leninista. Espera. Dio vuelta la espalda y manipula el aparato. Stalin pierde el tiempo con la impresión de ganarlo. Después de la afiebrada sacudida de febrero, nuevamente estamos en presencia de una política seguidista con toda su lamentable impotencia.
El discurso de Rikov tiene un tono totalmente diferente. Mientras que Stalin elude la cuestión, porque no tiene nada que decir, Rikov se abstiene de mencionar ciertas cosas, porque no quiere decir demasiado. La política de alza del precio de los granos (sobre todo acompañada, como en este caso, de la explicación de Rikov por el abandono del zig zag a izquierda de la primavera), constituye, y no puede más que constituir el comienzo de un profundo giro a la derecha y quizás decisivo. Las barreras legales a lo largo del camino hacia la derecha, como las restricciones sobre la locación de tierras y la contratación de mano de obra rural, serán abolidas con un solo golpe de pluma burocrático, con el monopolio del comercio exterior (a menos que los derechistas se choquen con el muro de hierro de la resistencia de la vanguardia proletaria). La lógica del curso derechista puede parecer de inmediato más fuerte que todo. Todas las ilusiones y falsas esperanzas en cuanto a la “lealtad hacia el partido” de los derechistas, toda confianza en la suerte en general, toda pérdida de tiempo, toda minimización de las contradicciones, todo fracaso para presentar las cosas por completo, o el juego diplomático, no haría más que incitar a los trabajadores a dormirse, a ayudar directamente al enemigo, a promover, consciente o inconscientemente, un thermidor. Con el discurso de Rikov comentando las resoluciones del pleno de julio, la derecha ha golpeado a la Revolución de Octubre. Debemos comprenderlo. Debemos recoger el golpe. Debemos asestarle primero el golpe a la derecha, con todas nuestras fuerzas y en seguida.
La derecha, al dar a conocer su desconfianza, ha indicado su estrategia con anticipación. Para esto no tuvo necesidad de demasiada ingenuidad. Rikov afirma que en la base de los esfuerzos centristas de izquierda de Stalin, hay “una ausencia trotskista de confianza en la posibilidad de construir el socialismo sobre la base de la NEP y un pánico desesperado frente al campesino”. La lucha contra el “trotskismo” es el último rublo no gastado de todos sus partidarios. Pero si este tipo de argumentos eran totalmente estúpidos en boca de Stalin, no son más que una lamentable caricatura en la de Rikov. Aquí es preciso acordarse que el silencio es oro.
Quienes no tenían confianza en la conquista del poder por el proletariado en la Rusia campesina son quienes están realmente presos del pánico frente al campesino. Estos héroes del pánico estaban del otro lado de las barricadas en octubre de 1917. Rikov era uno de ellos6. En cuanto a nosotros, estábamos con Lenin y el proletariado, porque no dudamos ni un instante de la capacidad del proletariado para dirigir al campesinado.
La política de Rikov en 1917 no era más que una anticipación concentrada de la actual táctica económica. En la actualidad, propone entregar las palancas de comando de la dictadura que el proletariado ya controla, a los elementos de la acumulación capitalista primitiva. Sólo por el hecho de la falsificación de la historia, que se ha convertido en una práctica corriente en el curso de los últimos años, es que Rikov se atreve a describir con pánico a la lucha irreconciliable de la Oposición en defensa de la dictadura socialista. Al mismo tiempo intentaba hacer pasar su disposición para capitular con los ojos bien abiertos frente al capitalismo por una muestra de coraje político.
Ahora, Rikov dirige su demagogia reaccionaria -perfectamente adaptada a la psicología del propietario en camino de hacer fortuna- más contra Stalin y los centristas que se inclinan a la derecha, que contra la Oposición. Al igual que en su momento, Stalin ha dirigido contra Zinoviev* todos los ataques que Zinoviev había dirigido contra el “trotskismo”, igualmente Rikov repite hoy la misma operación contra Stalin. Quien siembra viento cosecha tempestades. No se puede jugar con las ideas políticas. Ellas son más peligrosas que el fuego. Los mitos, leyendas, consignas, de un trotskismo imaginario, ahora se han vuelto atributo de la Oposición, pero algunas clases se han apoderado de ellas y así, sus conclusiones han comenzado a llevar una vida propia. Para poder usurpar el poder de manera más amplia y más profunda, Stalin tuvo que hacer una agitación cien veces más brutal que la de Zinoviev. Ahora es el turno de Rikov. Se puede imaginar las persecuciones que la derecha se prepara a desencadenar cuando se apoye abiertamente en el instinto de propiedad del kulak. No tenemos que olvidar que, si los rikovistas constituyen la cola de los centristas, tienen por su parte otra cola, mucho más pesada. Inmediatamente detrás de Rikov, llegan aquellos que, como lo ha reconocido la Pravda, quieren vivir en paz con todas las clases -es decir, quieren, una vez más, obligar al obrero, al trabajador agrícola y al campesino a someterse pacíficamente al amo-. Detrás de ellos surge ya el pequeño empleador, codicioso, impaciente, vengativo, con las mangas arremangadas y el cuchillo en la punta de los dedos. Y detrás del pequeño empleador, del otro lado de la frontera, espera el verdadero patrón con acorazados, aviones y gases asfixiantes. “No tenemos que dejarnos ganar por el pánico. Continuemos construyendo como lo hemos hecho en el pasado”. Esto es lo que pregonan los Yduchka Golovljev de la derecha, incitando a los obreros a dormirse, movilizando a los propietarios, preparando el thermidor. Tal es la posición actual de las piezas en el tablero. Estos son los verdaderos mecanismos de clase de la situación actual.
Rikov, ya lo hemos dicho, engaña al partido cuando afirma que la Oposición quisiera perpetuar las medidas extraordinarias a las que nos hemos reducido, con vergüenza, en el Año VI de la dictadura proletaria, por la política seguida desde la muerte de Lenin. La Oposición ha dicho claramente que sus objetivos están en los documentos dirigidos al VI Congreso. Pero Rikov tenía total razón cuando decía: “La principal tarea de los trotskistas es la de impedir la victoria de la derecha”. Precisamente, esto es verdad. La victoria de la derecha sería el último paso hacia el thermidor. Luego de una victoria de la derecha, ya no sería posible elevarse de nuevo a la dictadura por el único método de la reforma interna del partido. La derecha es la llave que usan las clases enemigas. El éxito de la derecha no sería más que una victoria, temporalmente disfrazada, de la burguesía sobre el proletariado. Rikov tiene razón. Nuestra principal tarea ahora es la de impedir la victoria de la derecha. Para obtener este resultado, no hay que dormir al partido, como lo hacen Zinoviev, Piatakov* y otros, sino hacer sonar la alarma diez veces más fuerte.
Decimos a nuestro partido y a la Internacional Comunista: Rikov comienza a entregar abiertamente la Revolución de Octubre a las clases enemigas. Stalin baila en una pata. Hace sonar la campana frente a Rikov y tira sobre la izquierda. Bujarin oscurece el espíritu del partido con las telas de araña de su escolástica reaccionaria. El partido tiene que levantar su voz. La vanguardia proletaria tiene que tomar en sus manos su destino. El partido tiene que discutir extensamente entre sus tres líneas principales, derecha, centrista y leninista. El partido tiene necesidad de integrar a la Oposición en sus filas. El partido tiene necesidad de un Congreso honestamente preparado y elegido.

1. Este texto, constituía una carta al congreso que Trotsky expedía urgentemente, porque estimaba que con ella completaba y actualizaba la carta al VI congreso (¿Y mientras tanto?, 12 de julio de 1928). Traducción especial del francés para esta edición de la versión publicada en Œuvres, Tomo II, Ed. por L’Institut Léon Trotsky, 1989, Francia, pág. 128.
2. El artículo 107 permitía la confiscación de granos.
3. Trotsky alude aquí nuevamente al artículo de Pravda del 15 de febrero extensamente citado en “La Pravda toca la alarma”, ver pág. 406.
4. Se trata de las Contratesis de la Oposición sobre el plan quinquenal presentadas por la Oposición en la discusión antes del XV Congreso, ver pág. 400.
5. Los “amigos del pueblo” de los zemtsvos eran los populistas liberales que intentaron utilizarlos para aplicar su política.
6. Rikov se opuso en 1917 a las Tesis de Abril de Lenin, y más tarde a la decisión de pasar a la insurrección, hecho al cual también se habían opuesto Zinoviev y Kamenev.