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El carácter de clase del estado soviético[1]

 

 

1° de enero de 1936

 

 

 

Estimados camaradas

 

Me preguntáis si el sistema soviético imperante puede ceder ante un "tercer" tipo de sociedad, ni capi­talista ni socialista. Urbahns cree que éste es de hecho el "capitalismo de estado", e identifica al sistema so­viético con el capitalismo fascista regimentado.[2] Ol­vida una diferencia muy sutil: el fascismo encierra las fuerzas productivas altamente desarrolladas dentro de los límites del estado nacional y frena su desarrollo posterior. El sistema soviético, incluso en su forma actual, imparte a las fuerzas productivas un ritmo de desarrollo jamás alcanzado anteriormente. Así, Ur­bahns se muestra incapaz de diferenciar lo que es his­tóricamente progresivo de lo archirreaccionario.

Veo que no compartís la formulación de Urbahns. Pero creéis que la burocracia soviética, al desarrollarse, podría adaptar las formas de propiedad a sus propios intereses, hasta el punto de convertirse en una nueva clase dominante. No especificáis cuales son esas nue­vas formas de propiedad. Os limitáis a la afirmación general de que la evolución es fuente inagotable de formas y formaciones nuevas.

En esta formulación general, me resulta tan difícil el aceptar o el rechazar la "tercera" posibilidad, porque se deben abstraer demasiados factores, prin­cipalmente los que condicionan nuestra actividad revolucionaria.

Ahora bien, las formas de propiedad son formas sociales por excelencia. Citáis ejemplos -tomados, por otra parte, de la época precapitalista- donde cier­tas formas de propiedad no poseían gran importancia. Estos ejemplos sólo demuestran que es necesario di­ferenciar las formas de propiedad reales de las supues­tas, es decir, de las ficciones jurídicas (que también cumplen una función real, pero en un plano más ele­vado). La burguesía ha reducido las formas de propie­dad a su expresión más descarnada. La revolución pro­letaria nacionalizó la propiedad capitalista. Surge la pregunta: ¿puede esta nacionalización degenerarse hasta convertirse en una ficción donde la verdadera propiedad, bajo tal o cual forma, vuelva a la nueva clase dominante que surja de la burocracia?

La propiedad nacionalizada se mantiene o derrumba junto con la economía planificada. Por lo tanto, no se trata de una ficción, sino de una poderosa realidad. Sin embargo, la nacionalización significa que las fuer­zas productivas se organizan y dirigen no solamente de acuerdo con un plan, sino también en bien de los intereses generales. La burocracia perjudica al nuevo sistema en ambos sentidos. Por un lado, reduce la efi­ciencia de la economía planificada; por el otro, consume una tajada enorme del excedente de producción.

Si hablamos de un "tercer" sistema debemos de­terminar si se trata de los nuevos derechos adquiridos por la burocracia sobre una tajada cada vez mayor del ingreso nacional -lo que equivale al derecho al parasi­tismo- o si se trata de la liquidación virtual de la eco­nomía planificada. Sólo la segunda hipótesis constitui­ría una nueva base social.

Debemos comprender claramente que la abolición de la economía planificada y, con ello, de la nacionali­zación de las fuerzas productivas, provocará su inexo­rable y automática paralización y desintegración. En ese caso, ya no tendríamos un sistema progresivo, sino un sistema en descomposición que desembocaría ine­vitablemente en el capitalismo fascista. Posiblemente un proceso tan rico en posibilidades generaría algo original. Pero la esencia de la cuestión prácticamente no cambiaría.

Supongamos que la economía planificada perma­nece fundamentalmente intacta, que las fuerzas pro­ductivas siguen en ascenso; en ese caso, según vuestra hipótesis, lo único que sucederá es que la burocracia logrará estabilizar, fortalecer y perpetuar su parasitis­mo jurídica, ideológica y políticamente (también reli­giosamente, ¿por qué no?). Esta perspectiva supone que la gran masa de la población aceptará pasivamen­te el nuevo yugo, a pesar de la elevación del nivel eco­nómico y cultural, y que soportará todo sin oponer re­sistencia para siempre jamás. Pero eso no es probable, de ninguna manera. En cierta etapa, el progreso econó­mico brinda una gran fuente de poder a la burocracia. Pero el propio progreso actúa en contra de su autocra­cia y parasitismo.

¿Qué perspectivas se nos abren? Probablemente, una nueva revolución. No será una revolución social, sino política. La evolución de la burguesía también conoce "grandes" revoluciones, es decir, revoluciones sociales, y revoluciones puramente políticas basadas en la propiedad ya establecida. Sea como fuere, los pronósticos teóricos de Marx y Lenin no previeron la posibilidad de revoluciones políticas sobre la base de la propiedad nacionalizada por el proletariado. Pero tampoco previeron la degeneración bonapartista de la dic­tadura proletaria. Ambas cosas pertenecen a esas etapas, formas transitorias, etcétera, que la historia produce con tanta abundancia. Las leyes generales de la transición del capitalismo al socialismo, tal como las estableció el marxismo, no pierden su fuerza en virtud de estos "episodios" ("episodios" tan desagra­dables).

Me apresuro a enviarles estas breves considera­ciones acerca del interesante problema que me habéis planteado.

 

Con mis más cálidos saludos,

Suyo,

L. Trotsky



[1] El carácter de clase del estado soviético. New Militant, 6 de junio de 1936. La traducción [al inglés] fue corregida con el original alemán aparecido en Informations Dienst, N° 10, febrero de 1936, por Russell Block y Cándida Barbarena.

[2] Hugo Urbahns (1890-1946): dirigente del PC alemán, fue expulsado en 1928 y fundó la Leninbund, que estuvo asociada a la OII hasta 1930. Elaboró una teoría sobre el carácter "capitalista de estado" de la URSS.



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