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El SAP, la Liga Comunista Internacional y la Cuarta Internacional[1]

Carta a un grupo de camaradas del SAP

 

 

11 de enero de 1934

 

 

 

Estimados camaradas:

 

 

En su carta del 27 de diciembre me plantean algunas cuestiones, tanto específicas como generales. Trataré de responder de la manera más completa posible.

Ustedes ya conocen la historia del surgimiento y desarrollo del SAP. Después de romper con el partido [Socialdemócrata Alemán], el ala opositora de la socialdemocracia estuvo en condiciones de seguir avanzando. Lo mismo le sucedió a la minoría brandlerista luego de romper con su organización. Ambos grupos se acerca­ron tanto por sus aspectos progresivos (ruptura con la vieja burocracia) como por los negativos (ambigüedad teórica, carencia de una concepción estratégica clara, etcétera). Pero la evolución del SAP quedó automáti­camente interrumpida con el triunfo nazi. A partir de entonces algunos dirigentes del SAP concibieron ideas absolutamente erróneas sobre la significación política de su propia experiencia y las condiciones para la for­mación de un partido revolucionario.

La lucha del SAP contra la Liga Comunista no es progresiva, es conservadora; su objetivo es preservar su ambigüedad y su privilegio de no llevar las posicio­nes políticas hasta sus últimas conclusiones. Como sucede siempre en estos casos, esta situación se desfi­gura en la conciencia de los camaradas del SAP y aparece ante ellos como una lucha contra nuestro "sectarismo". Una organización revolucionaria cuyos cuadros no han incorporado hasta lo más íntimo de su ser las lecciones estratégicas de la última década no puede contar con la fuerza de resistencia necesaria ante las tendencias corruptoras, y de cualquier modo se demostrará incapaz de dirigir a las masas en la rea­lidad.

Para definir el sectarismo los dirigentes del SAP no recurren al criterio marxista sino al sindicalista; su unidad de medida es el número, "la masa". No saben comprender las leyes que regulan la transición de una calidad principista a una cantidad masiva; no tienen en cuenta las condiciones objetivas y subjetivas nece­sarias para esa transición.

A menudo los camaradas del SAP plantean así el problema: ¿por qué la Oposición de Izquierda, que se apoya en principios correctos, que hace un análisis mar­xista de los acontecimientos, etcétera, sigue tan aislada? La respuesta es clara: porque carece de la habilidad de callarse la boca sobre sus principios y adaptarse a otros diferentes. Ese razonamiento descu­bre totalmente el razonamiento antihistórico, antidia­léctico y vulgar de los propios críticos. Nuestros grandes maestros Marx y Engels vivieron en un terrible aislamiento político entre 1850 y 1864. Los revoluciona­rios rusos, con Lenin a la cabeza, quedaron cruelmente aislados entre 1907 y 1912, y todavía en julio de 1914 su soledad era casi hermética. Nuestros críticos, muy poco inclinados a la meditación, pasaron por alto los siguientes hechos, no carentes de importancia:

1. La Oposición de Izquierda rusa, que expresa las tendencias más coherentes y dinámicas del proletariado ruso, tiene que haberse debilitado en la misma propor­ción en que la burocracia se apodera de la revolución y desplaza al proletariado.

2. La Oposición de Izquierda, que expresa la rela­ción entre la Revolución de Octubre y la revolución internacional, tiene que haberse debilitado en la misma proporción en que se manifiesta la debilidad de la revolución internacional.

3. La Oposición de Izquierda sufrió su primer golpe cruel inmediatamente después de la capitulación del Partido Comunista Alemán en 1923; las derrotas del proletariado polaco y de la huelga general inglesa de 1926, al debilitar a la vanguardia proletaria mundial, debilitaron a la Oposición de Izquierda, la vanguardia de la vanguardia; el desastre de la revolución china de 1927 volcó decididamente los tantos en favor de la teoría y la práctica del "socialismo en un solo país"; finalmente sin detenernos en una serie de aconteci­mientos de este tipo, la catástrofe alemana de 1933 fue el golpe más terrible de todos los que sufrió el proleta­riado mundial. Con el trasfondo de estas derrotas históricas sin precedentes, la Oposición pudo educar con su análisis teórico a unos pocos cuadros, pero no dirigir a las masas.

4. La decadencia y desmoralización de la Comintern no podía menos que comprometer ante las masas a todos los grupos revolucionarios, especialmente a los que por su origen estaban ligados a ella.

5. Finalmente, hay que agregar los once años de la campaña de calumnias organizada por la burocracia stalinista en todo el mundo. Difícilmente se puede encontrar en la historia política de la humanidad una persecución que haya contado con tantos recursos financieros y de aparato tan sistemática y persistente, de contenido tan ponzoñoso y al mismo tiempo resguar­dada tras la autoridad del primer estado obrero.

Los dirigentes del SAP cerraron los ojos a todas estas "insignificancias". Y además se olvidan de decir si existe otro grupo revolucionario aparte del nuestro que haya demostrado en esta etapa su capacidad para dirigir a las masas. Si una u otra organización, en es­pecial el SAP, logró algunos "éxitos" parciales, puramente empíricos, naturalmente lógicos y, además, su­mamente inestables, se debe en gran medida al trabajo crítico y político de la Oposición de Izquierda.

Finalmente -y en el momento actual esto es de gran importancia práctica- hay cientos y miles de hechos que demuestran a quienes saben descifrar los síntomas políticos que la Oposición de Izquierda ya rompió el bloqueo. La Oposición de Izquierda está penetrando en diversos sectores de la clase obrera y preparando el triunfo del marxismo revolucionario en una nueva etapa histórica. Entre esos síntomas está la forma de proceder del propio SAP. Mientras que con la mano derecha firmó junto con Tranmael la equívoca, diplomática y perniciosa resolución, se vio obligado a firmar con la mano izquierda, junto con nosotros, la de­claración en favor de la Cuarta Internacional, el único documento revolucionario progresivo de la última etapa. Es obvio que este documento no podía producir milagros de inmediato, pero encontrará su camino pese a las vacilaciones de incluso aquellos que lo fir­maron.

Para fundamentar su derecho a la ambigüedad ideológica, los dirigentes del SAP inventaron una teoría especial, que se puede resumir en la frase "no decir las cosas como son". Contrariamente a todo lo que nos enseñaron Marx, Engels, Lenin y nuestra propia expe­riencia, este principio se basa en una confusión incons­ciente o semiconsciente entre la manera pedagógica y agitativa de acercarse a un grupo determinado en un momento determinado y la posición de principios de un partido en sus relaciones con el proletariado, con otros partidos y con los acontecimientos históricos.

En una reunión de obreros monárquicos o católicos, yo sería muy cauteloso al referirme al altar y al trono. Pero en el programa de mi partido y en toda su política, sus relaciones con la religión y la monarquía tienen que estar formuladas con toda exactitud. En una reunión de un sindicato reformista yo, como miembro del sindica­to, me puedo ver obligado a callar muchas cosas; pero el conjunto del partido, en sus periódicos, sus reunio­nes públicas, sus folletos y proclamas tiene la obliga­ción de decirlo todo.

Si las condiciones represivas obligan a la prensa legal a ser cautelosa en sus formulaciones, el partido debe contar además con una prensa ilegal. Cuando los marxistas exigen que "se diga las cosas como son" no se refieren a cada discurso aislado que se pronuncia en tal o cual situación específica sino a la política del partido de conjunto. El partido que por razones "tácti­cas" oculta sus posiciones no es un partido revolucionario porque rechaza a los trabajadores avanzados, porque se adapta a los prejuicios de los más retrasados y solo a través de los obreros mas avanzados se podrá educar a los mas atrasados.

Pero incluso en una reunión específica, a la vez que se utiliza todo el tacto necesario para acercarse a un grupo determinado, no hay que olvidar que allí hay obreros de diferentes niveles y que, aunque sea nece­sario adaptarse a los más retrasados en el método de exposición, es inadmisible hacerlo en las posiciones políticas. Así, por ejemplo, en este momento no puede haber una sola reunión política de masas en la que los marxistas revolucionarios no tengan la obligación de plantear de una u otra forma la idea de la Cuarta In­ternacional. Aunque hoy esta consigna no nuclee más que a un puñado de personas, es muchísimo más im­portante y fructífera que repetir frases generales o presentar críticas que pueden ser correctas pero no llevan a conclusiones claras y necesarias. De cualquier modo, ninguna consideración "táctica" justifica frente a los trabajadores la confraternización y los abrazos con los farsantes y traidores políticos.

En los once puntos que ustedes conocen formula­mos ya las lecciones estratégicas más importantes de la última década. Estas breves tesis se basan en el tra­bajo colectivo de la Oposición de Izquierda Internacio­nal. Antes de discutir el "sectarismo" habría que determinar la actitud de cada uno frente a los proble­mas fundamentales formulados en esos once puntos. Así se lo hemos exigido siempre a los camaradas del SAP, y continuamos haciéndolo hoy. Sin una crítica es­pecífica a nuestra posición de principios y a los métodos que de ella se derivan, la acusación de "sectarismo" sigue siendo vacía.

Si los dirigentes del SAP hubieran estudiado los documentos y analizado y discutido la trágica experien­cia del Comité Anglo-Ruso, que tuvo alguna importancia histórica, hoy no estarían haciendo el experimento de su propio "Comité Noruego-Alemán", pálida copia de su patético original. No hace falta esforzarse mucho para demostrar que todos los argumentos con que se defiende el bloque sin principios ni perspectivas con Tranmael no son más que repeticiones, casi literales, de los argumentos utilizados por Stalin, Bujarin y Lozovski[2] para defender su bloque con Purcell[3] y Citrine. El desprecio por la teoría, la que no es mas que la generalización de la práctica del pasado, también en este caso se toma su cruel revancha.

Ocasionalmente nuestros aliados nos hacen el si­guiente reproche: la Oposición de Izquierda analiza la situación de manera bastante realista y plantea las consignas correctas, pero, ¿por qué adopta una actitud tan intransigente hacia las organizaciones que están fuera de la Segunda y de la Tercera Internacional? ¿Por qué les exige "un cien por ciento" de marxismo? Detrás de esta posición característica en extremo se esconde una actitud general en la que difícilmente se encuentre un cincuenta y uno por ciento de marxismo.

Por supuesto, una organización revolucionaria debe estudiar muy atentamente la situación objetiva para no confundir sus propios deseos con el estado de ánimo de las masas. Pero el partido podrá utilizar las condiciones objetivas y ganar la dirección de las masas sólo si cuen­ta con cohesión ideológica, unanimidad en la lucha e inquebrantable disciplina. El partido del proletariado es la principal herramienta histórica de nuestra época. Hay que forjar esta herramienta con el mejor acero, templarla y afilarla muy bien; sólo con ella se podrá elaborar con éxito la materia prima de la historia.

Dos aspectos del marxismo orgánicamente indisolu­bles son el estudio realista de las condiciones objetivas y una intransigencia sin concesiones en la relación de uno mismo con su propio partido. Sin una perspectiva científica, sin tener en cuenta la orientación de las ma­sas, sin tomar en consideración los obstáculos exte­riores, se cae inevitablemente en una política sectaria y aventurera. Sin la lucha cotidiana por la pureza principista y la intransigencia del partido, no queda más que la fluctuación pequeñoburguesa a merced de las olas de la historia.

Ustedes seguramente están enterados de que, jun­to con mis amigos alemanes más afines, planteé la unificación rápida con el SAP en la esperanza de que la educación en la organización unificada se vería acele­rada por la experiencia común y la crítica mutua. Pero, después de algunas vacilaciones iniciales, los di­rigentes del SAP se negaron. La razón inmediata que alegaron fue el problema del Partido Laborista Noruego (o, lo que es prácticamente lo mismo, del Buró de Londres). Rehusaron fusionarse con nosotros para tener la posibilidad de continuar su desventurado romance con Tranmael.

Para embellecer esta desagradable realidad se elaboró una teoría especial, la de la excesiva influencia de una sola "personalidad", el peligro de un régimen "personal", etcétera. Desde el punto de vista marxista, los individuos son peligrosos o útiles según las ideas y métodos que representan. Por suerte o por desgracia, ninguno de nosotros dispone de otro medio que de la influencia ideológica; no contamos con el poder de un estado, ni controlamos ningún tesoro nacional, ni tenemos agencias mercenarias. En estas condiciones el supuesto temor a la "personalidad" no es mas que miedo a determinadas ideas concretas. La relación semihostil con los principios de la Oposición de Izquierda va de la mano con la necesidad de salvaguardar el de­recho a la ambigüedad, que al parecer tiene un gran poder de atracción sobre "las masas".

Para justificar su inclinación hacia Tranmael, Maurín y similares -por supuesto, ¡oh, seguro!, en beneficio de "las masas"- se hizo circular la leyenda de que nosotros nos dimos el objetivo de "comprome­ter" a los dirigentes del SAP y separar de ellos a sus militantes. Es evidente que toda lucha ideológica y política entraña el peligro de que disminuya la autori­dad de los dirigentes que obcecadamente continúan cometiendo errores y ocultan con argumentos ad hominem su tendencia a mantenerse con un pie de un lado y otro pie del otro.

Precisamente por esto insistí en la fusión, para que la discusión se diera de manera ordenada y fraternal, dentro de los marcos de una organización única. La idea de utilizar cualquier medida artificial para "com­prometer" y "eliminar" a los dirigentes del SAP es tan absurda que no vale la pena detenerse en ella. Somos demasiado conscientes de que en este momento contamos con pocos obreros revolucionarios calificados, y por eso no tenemos la menor tendencia a reducir artificialmente su número. Y además, ¿qué motivos podíamos tener para ello? En realidad, los camaradas que no desean dejar de lado su actitud de vivir divididos por la mitad sienten que cuando uno los critica por eso les hace una maliciosa crítica personal. Siempre fue así.

Para bien o para mal en ese momento no se pudo llevar a cabo la fusión. Por supuesto, nuestra sección alemana debe reasumir su total libertad organizativa. ¿Implica esto que rompemos con el SAP en lo que hace a la preparación de la Cuarta Internacional? No, sería un error. La formación de la Cuarta Internacional es un proceso muy complejo y confío que en él las activi­dades de la Liga Comunista Internacional jugarán un rol muy destacado, pero no el único.

Ustedes expresan el deseo de que la liga se trans­forme en el eje alrededor del cual cristalicen todos los elementos revolucionarios que rompieron con la Se­gunda y con la Tercera Internacional. Esta formulación es correcta pero, como ustedes mismos lo reconocen, no del todo completa. También debe incluirse a la ju­ventud que no pertenece a ninguna internacional y constituye la gran reserva del futuro. Pero incluso la adhesión de los grupos que rompieron con las viejas internacionales no se debe concebir como un proceso rectilíneo. Por ejemplo, los miembros del SAP rompie­ron con las dos internacionales, luego se acercaron a nosotros pero vacilaron deteniéndose a cierta distancia.

¿Implica esto que debemos rechazar todo intento de trabajo conjunto con ellos? Hacerlo sería verdadero sec­tarismo al estilo de los bordiguistas, que creen que pue­den seguir cruzados de brazos hasta que la historia en­tre en razón y les pida que tomen la dirección. Nuestra tarea fundamental en el período inmediato consiste en propagar las ideas de la Oposición de Izquierda, re­clutar cada vez más nuevos adherentes a la liga Comunista Internacional -individualmente o en grupos-, agitar entre las masas la consigna de la Cuar­ta Internacional, educar a nuestros propios cuadros, profundizar nuestra posición teórica. Pero esta tarea no excluye la fusión, acuerdos y bloques con las organi­zaciones afines a nosotros que deseen trabajar por la creación de la nueva internacional.

Es cierto que en este último período los dirigentes del SAP evidenciaron una posición cada vez más amis­tosa hacia la derecha en sus relaciones con los centristas e incluso con los reformistas, y una creciente hosti­lidad hacia nosotros. Por supuesto, si esta evolución prosigue significará la ruptura del SAP con nosotros y a la vez su inevitable colapso porque, como ya lo dije, sólo una organización templada y principista sometida al control internacional puede poseer la fuerza necesaria para resistir las tendencias en descomposición de nuestra época. No creo, sin embargo, que ya no quepan esperanzas respecto al SAP. Si nuestros argu­mentos no los ayudan, o no lo hacen suficientemente, la salvación vendrá de los actos de los "amigos" de la derecha. No hay que dudar de que Tranmael y Cía. les darán en el futuro inmediato unas cuantas lecciones objetivas a los utópicos que creen posible transformar a los enemigos en amigos valiéndose de algunas manio­bras hábiles.

Sería una pretensión ilícita, por no decir aventurera, proclamar que ya hoy existe la nueva internacional. Ustedes, por supuesto, no lo exigen. Recién estamos poniendo los cimientos preparando el armazón. Pero ya desplegamos sobre este armazón el estandarte de la Cuarta Internacional para que todos sepan qué clase de estructura se está levantando. Si el día de mañana alguno de los albañiles llega a la conclusión de que el trabajo supera sus posibilidades o no es de su gusto, lo sentiremos mucho pero seguiremos poniendo las paredes. En función del trabajo conjunto estamos dispuestos a hacer concesiones razonables en todas las cuestiones prácticas, pero no hacemos depender la suerte de la Cuarta Internacional de la buena o mala voluntad de tal o cual aliado.

En este momento estamos elaborando algunos documentos referentes a los problemas fundamentales de la estrategia proletaria, principalmente en relación a la guerra. Haremos todos los esfuerzos por llegar a un acuerdo con nuestros aliados sobre esta cuestión. Si no lo logramos publicaremos los documentos firma­dos únicamente por nosotros. La vida no espera a nadie. Responder a tiempo a los acontecimientos con respuestas marxistas significa construir la nueva internacional.

¿Qué posición deben asumir ustedes en la situación en que se encuentran? Creo que hay que empezar por autodefinirse en los principios. Como están hoy las co­sas (aunque no por culpa nuestra) tienen que elegir entre la Liga y el SAP. De su carta se desprende que el grupo de ustedes no se definió respecto del Partido Laborista Noruego, el Buró de Londres, etcétera. Pero éstas y otras cuestiones análogas serán lo que determinará la línea marxista correcta en el transcurso de los próximos meses. Ustedes tienen el deber de de­finirse. Por supuesto, no en un lapso de veinticuatro horas; hay que estudiar los documentos, reunir los da­tos necesarios, comparar el problema de hoy con la experiencia del Comité Anglo-Ruso, etcétera. Y si con esto no basta habrá que postergar la decisión final hasta que surjan nuevos acontecimientos que aporten las pruebas necesarias. Personalmente no me cabe la menor duda de que en éste como en todos los aspectos importantes los acontecimientos trabajarán a favor de los comunistas internacionalistas. Demás está decir que me gustaría contagiarles esta seguridad para atraerlos a nuestras filas.

 

Con saludos comunistas internacionalistas,

 

L. Trotsky



[1] El SAP, La Liga Comunista Internacional y la Cuarta Internacional. International Bulletin [Boletín Internacional], Liga Comunista Internacional, edición en inglés de la Liga Comunista de Norteamérica, N° 1, abril de 1934.

[2] Solomon Lozovski (1878-l952): estaba a cargo de la Profintern, la Internacional Sindical Roja, y de la táctica ultraizquierdista que se aplicó en el trabajo sindical stalinista en todo el mundo durante el "tercer período". Jruschov dice en sus Recuerdos que Lozovski fue arrestado y fusilado por orden de Stalin durante una campaña antisemita.

[3] Albert A. Purcell (1872-1935): dirigente del Consejo General del Congreso Sindical británico y del Comité Sindical Anglo-Ruso cuando se traicionó la huelga general de 1926.



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