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Cartas a un abogado[1]

 

 

Noviembre de 1936

 

 

 

12 de noviembre de 1936

 

 

 

Querido amigo:

 

Le agradezco las dos cartas que me envió, junto con las buenas nuevas sobre su padre.

Hace unas tres semanas le envié un memorándum sobre el juicio, en respuesta al Sr. Rosenmark y otros. Usted no lo menciona. Sin embargo, seria inverosímil que la Oficina de Pasaportes confiscara este documen­to, que contiene la esencia de mi "defensa" (es decir, mi acusación contra los verdaderos criminales). Redac­té la denuncia bajo la forma de una respuesta a ciertas declaraciones de Pritt[2] ¡Preste atención a este documento en particular!

Por favor, no me escriba para informarme sobre sus actividades prácticas (investigación, telegramas, etcétera) porque esta información podría causarle difi­cultades adicionales.

Por otra parte, comuníqueme todo lo que sepa sobre la "influencia" del Libro rojo, el trabajo de Víctor Serge y mi Revolución traicionada. Por favor, escriba (e invite a otros a escribir) detalladamente al respecto.

¿No le parece que yo debería escribirle directamen­te a Víctor Basch?[3]

No todos los firmantes del manifiesto son conoci­dos en el extranjero[4]. Convendría preparar una lista con una breve biografía de cada uno.

El prólogo de Gide demuestra, en última instancia, que sinceramente está tratando de orientarse[5]. No es la senilidad santurrona y conformista de un Romain Rolland, de ninguna manera.

¿Y Jules Romains?[6] Ahora es él quien se coloca "por encima del conflicto".

 

Con mis mejores deseos

 

 

 

13 de noviembre de 1936

 

 

 

Muy contento de que Jules Romains haya firmado. Siento gran admiración por este artista. Además de gran creador, es un hombre sumamente perspicaz: si el asunto le interesara podría escribir un libro excepcio­nal. Y no sólo un libro.

 

 

 

18 de noviembre de 1936

 

 

 

Querido amigo:

 

Esta mañana le envié el siguiente telegrama: "So­licito a usted y M. Delepine[7] entablen juicio civil por robo archivos. Va carta. L.T."

Esta es mi carta oficial a usted y Delepine.

Por favor, corrija mi pésimo francés y haga redactar una nueva copia del texto. Con ese fin adjunto una carta blanca firmada.

Creo que le entendí bien y que mi carta será sufi­ciente, inclusive para un abogado. La censura de mi co­rrespondencia es cada vez más estricta. lo peor es que nunca sé si una carta pasa o no. Por ejemplo, no sé si las tres copias del manuscrito de mi libro sobre la URSS llegaron a destino. Tampoco sé si ha recibido usted mis notas sobre Pritt que -en mi opinión- son sumamente importantes para el contraproceso.

 

Con mis mejores deseos.

 

 

 

22 de noviembre de 1936

 

 

 

Mi querido amigo:

 

Recibí su carta del 17 de noviembre. Espero la visita del señor Puntervold para que me explique el significado de una decisión reciente del gobierno concerniente al juicio en el extranjero[8]: ¿acaso significa que no puedo defenderme, ni siquiera de los ladrones? No lo puedo creer. Al mismo tiempo, no quiero ocultarle que en esa decisión hay una amenaza apenas oculta de extradición. Si se tratara de un procedimiento legal, es decir, que un tribunal noruego verificara el pedido de extradición de Moscú, me alegraría mucho. Pero no; el gobierno menciona la extradición como medida administrativa, como "castigo" por mi mala actitud, o sea por insistir en defenderme de las acusaciones más infames de la historia moderna.

Es cierto que la misma decisión del gobierno me concede el derecho de buscar asilo en otro país. Quiero informarle de ello oficialmente, dado que usted es mi abogado. Pero no me hago grandes ilusiones sobre este "derecho" en la Europa actual: la mayor parte está en manos de los fascistas y la menor parte en la etapa pre­fascista.

Por otra parte, la actitud del gobierno noruego para conmigo les da a los demás gobiernos un argumento poderoso para negarme el derecho de asilo: "si el gobier­no noruego, que está a la izquierda de la Segunda In­ternacional, etcétera, encarceló a Trotsky, es porque debe haber cometido una infracción grave." Pero, ¿qué es esa "infracción grave"?

1. Quiero -como todo el mundo- gozar del dere­cho de publicar mis artículos y libros en el marco de las leyes de los respectivos países.

2. Quiero -como todo el mundo- gozar del dere­cho de defenderme de las calumnias más infames que se puedan imaginar.

Por estos dos crímenes se me somete a arresto domiciliario... e inclusive se me amenaza con medidas aun más severas. ¡Pero es increíble! Sí, lo repito diez veces al día, pero es la realidad.

Pero eso no es todo. La decisión del gobierno dice que -por razones de "economía"- seré trasladado a un nuevo lugar, y no da mayores detalles. El texto no menciona a Natalia. ¡Imagínese su terrible preocupación! No se entiende qué interés tendría el gobierno en provocarle a Natalia semejante angustia ante la posibi­lidad de la separación. Quizás sólo sea un olvido.

Me veo obligado a describir nuestra situación para que la utilice en cualquier medida que considere necesaria para obtenernos autorización para entrar en otro país.

Sobra decir que Natalia y yo estamos más unidos que nunca en nuestra firmeza moral y en la certeza de la justicia de nuestra causa. Pase lo que pase, cumplo con mi deber.

Mis mejores saludos a usted y a nuestros amigos. Cuando usted me haga saber a quién debo dirigirme para pedir una visa (si es que debo hacerlo personalmente), expondré los factores que me dan derecho, en esta situación, a solicitar un asilo verdadero: un asilo que no sea una trampa.



[1] Cartas a un abogado, De Avocat de Trotsky. Traducido del francés [al inglés] para esta obra por Naomi Allen. Cartas a Gerad Rosenthal.

[2] Denis M. Pritt (1888-1972): abogado inglés, fue diputado laborista en l935-50. Admiraba incondicionalmente a Stalin y afirmaba que el juicio de Moscú era "un ejemplo para el mundo entero".

[3] Víctor Basch: dirigía la Liga por los Derechos del Hombre, organiza­ción por los derechos humanos en Francia que exculpó los juicios de Moscú.

[4] El llamado de los intelectuales franceses por una investigación obje­tiva e imparcial del juicio de Moscú apareció en SIP Nº 12, 21 de octubre de 1936. SIP Nº 15/16, 20 de diciembre de 1936, publicó una lista adi­cional de firmantes.

[5] André Gide (1869-1951): novelista, crítico y ensayista francés, fue compañero de ruta de los stalinistas, pero rompió con ellos a fines de 1936. Aquí probablemente se refiere a su libro Retour de l’URSS, crí­tica al régimen stalinista escrita después del juicio de Moscú.

[6] Jules Romains (1885-1972): novelista, poeta y dramaturgo francés. Trotsky dice que se coloca "por encima del conflicto" porque su nombre no apareció en el llamado a la investigación. Sí apareció en la segunda lista de firmantes publicada en SIP.

[7] Maunce Delepine: abogado de gran prestigio en la SFIO.

[8] Cuando el gobierno noruego le prohibió hacer uso de los derechos que le concedía la ley noruega, Trotsky entabló juicios en los tribunales suizos y checoslovacos. El 11 de noviembre de 1936 el Departamento Real de Justicia y Policía le notificó una nueva decisión: se le prohibía entablar juicio en ningún país mientras permaneciera en Noruega. El resto de la notificación era aun más ominosa. Se le exigía que buscara inmediatamente visa para otro país y se le amenazaba con trasladarlo próximamente a una residencia que resultara menos costosa para el estado.



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