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Cartas a Radek

Las dos Cartas a Radek son una traducción inédita del inglés para esta edición de la versión electrónica publicada en el Marxist Internet Archive (MIA).

Primera carta a Radek

30 de agosto de 1926

Estimado Karl Berngardovich:

1. Le escribo sobre la cuestión del Partido Comunista chino en el Kuomintang. Esta cuestión merece atención y elaboración. Yo estoy de acuerdo completamente con lo que usted escribió sobre este asunto. Pero debe hacerse concreto para los lectores no iniciados, es decir esencialmente para todo el mundo. Es sumamente importante organizar la información básica sobre el desarrollo del Kuomintang y el Partido Comunista (las áreas donde ellos se han extendido; el crecimiento del movimiento huelguístico, el Kuomintang, el Partido Comunista, y los sindicatos; los conflictos dentro del Kuomintang; etc.).

Es muy importante, en mi opinión, comparar la situación en China con la situación en India. ¿Por qué es que el Partido comunista indio no está dentro de una organización nacional-revolucionaria? ¿Qué está ocurriendo sobre este asunto en las Indias holandesas?

La verdad de la cuestión es que la existencia de la opresión nacional e incluso colonial no hace necesaria la entrada del Partido Comunista en un partido nacional-revolucionario. La cuestión depende, sobre todo, de la diferenciación de las fuerzas de clase y cómo esto está ligado a la opresión extranjera. Políticamente el problema se nos presenta así: ¿está destinado el Partido Comunista a jugar el papel de un círculo de propaganda que recluta adherentes aislados durante un período extendido de tiempo (dentro de un partido democrático revolucionario), o puede asumir el Partido Comunista en el próximo período la dirección del movimiento obrero? En China no hay ninguna duda que las condiciones se corresponden con esto último. Pero esto debe demostrarse, quizás tan siquiera de una manera muy general, pero con una selección acompañada de los hechos materiales esenciales. No olvide que, en la conferencia del partido, Bujarin dará a un informe sobre cuestiones de política internacional, y la cuestión del Kuomintang también surgirá indudablemente allí.

2. ¿Cómo van “las preguntas y respuestas”?

¿Escribió usted la carta?

En la agenda de la conferencia del partido está la cuestión de los sindicatos. Hasta donde yo sé, usted ha estado siguiendo Trud y la prensa sindical. Es muy importante extender este trabajo y sistematizarlo en vista de la importancia excepcional de la cuestión.

Yo estoy escribiendo un poco, recibiendo invitados, fotografiándome con camaradas en el balneario, y cazando codornices, cosa que espero usted también esté haciendo.


Segunda carta a Radek

4 de marzo de 1927

Estimado Amigo:

Me parece que su manera de formular los problemas con respecto al Partido Comunista chino es inadecuada, y debido a lo que omite, debe llevar inevitablemente, en su aplicación subsecuente, a conclusiones equivocadas, es decir, a apoyar más allá de su intento y propósito el statu quo con alguna crítica de izquierda.

Usted escribe que la política burguesa traicionera del Kuomintang “no ha creado todavía un movimiento de masas contra el Kuomintang y no ha forjado una comprensión de la necesidad de un partido especial del proletariado y el campesinado más pobre.” Indudablemente, los partidarios de la situación presente intentarán echar mano a estas palabras. Ésta era precisamente la razón por la cual Stalin revivió la “teoría de las etapas,” explicando que “es imposible saltearse una etapa,” etc. Dado que las masas no han tomado conciencia de la necesidad, por consiguiente... y así sucesivamente. Nuestro razonamiento es exactamente el opuesto: para que las masas puedan entender más fácilmente cuán traicionera es la política del Kuomintang , lo que se necesita es un partido completamente independiente, aun pequeño, criticando, explicando, denunciando y así sucesivamente; y de esta manera, allanando el camino para la nueva “etapa.”

Es como si la situación presente en China hubiese sido creada específicamente para que las masas no entendieran la necesidad de un partido independiente. De hecho, con la autoridad plena de la Internacional y la revolución rusa nosotros le estamos diciendo a la vanguardia de la clase obrera de China que ellos ya tienen un partido independiente: el Partido Comunista; que por la fuerza de las condiciones peculiares en China este Partido Comunista debe volverse una parte del Kuomintang en la etapa presente de la revolución; que los mandatos de Lenin exigen esto, y así sucesivamente. Entonces el Kuomintang les dice a los comunistas: “Dado que los preceptos de Lenin exigen que ustedes se unan al Kuomintang, yo, el Kuomintang, exijo que ustedes renuncien a los preceptos de Lenin y reconozcan los preceptos de Sun Yat-sen*”.

Plantear en abstracto la cuestión de una transición sin dolor de Sun Yat-sen a Lenin presentando al leninismo como la extensión lógica del sunyatsenismo (aunque este método puede usarse en ciertos casos pedagógicamente con respecto a los diletantes revolucionarios jóvenes de China), por supuesto, ha demostrado ser insostenible a gran escala histórica. La lucha de clases ha roto el pequeño puente artificial que nosotros habíamos construido entre Sun Yat-sen y Lenin. El proletariado chino debe pasar por el proceso de superar a Sun Yat-sen directa y abiertamente, a través de una lucha abierta contra el sunyatsenismo. Si Marx exigía esto incluso con respecto a Lassalle, ¿puede ser realmente que nosotros no debamos proponer semejante tarea con respecto a Sun Yat-sen? Cualquier paso para ocultar, retardar, o camuflar esta cuestión fundamental no sólo será peligroso sino absolutamente desastroso para el proletariado chino. ¿Cuándo deberían haberse retirado los comunistas del Kuomintang? Mi memoria de la historia de la revolución china en los años recientes no es lo bastante concreta, y no tengo los materiales a mano; por consiguiente, yo no me aventuraré a decir si era necesario plantear esta cuestión tajantemente ya en 1923, 1924 ó 1925. En ese período el arreglo preparatorio expresado en su carta, evidentemente contando con un estado de transición de un año o dos, habría, quizás, sido admisible. Pero nosotros llegamos muy tarde. Hemos convertido al Partido Comunista chino en una variedad de menchevismo, y peor todavía, no en la mejor variedad; es decir, no en el menchevismo de 1905, cuando temporalmente se unió con el bolchevismo, sino en el menchevismo de 1917, cuando se unió con el movimiento de los SR de derecha y apoyó a los kadetes. Al dar nuestra bendición o meramente al tolerar esta situación, nosotros obstaculizamos el desarrollo de la conciencia de clase de los obreros chinos, para después citar el desarrollo insuficiente de su conciencia como la razón para hacer aún más interminable el estado presente de cosas. Con semejante política quedamos atrapados en un círculo vicioso.

Si fuera a resultar que los comunistas chinos no quieren retirarse del Kuomintang incluso en las condiciones presentes de una lucha de clases en avance, esto no significaría que ese retiro es innecesario, sino que lo que nosotros tenemos es un partido martinovista. Me temo que en gran medida así es precisamente como están las cosas.

Nuestra tarea se reduciría entonces a extraer los elementos genuinamente revolucionarios del partido martinovista y empezar el trabajo de construir un partido bolchevique, por fuera no sólo del Kuomintang, sino también por fuera del actual Partido “Comunista” de China. Yo digo esto hipotéticamente porque no conozco la relación real de fuerzas dentro del Partido Comunista; de hecho, yo dudo que éste pudiera haberse desarrollado en absoluto en vista de la ausencia de una formulación clara y precisa del problema por cualquiera de las partes. Si nosotros queremos intentar salvar al Partido Comunista chino de degenerar finalmente en el menchevismo, no tenemos el derecho de hacer a un lado por un día más la exigencia del retiro del Kuomintang.

Usted propone que nos restrinjamos a llamar a que el Partido Comunista salga de la clandestinidad. Pero esto yerra el punto. Salir del trabajo clandestino significa romper con la legalidad del Kuomintang. ¿Cómo se haría? ¿Instantáneamente? ¿Sin advertencia? ¿Sin un esfuerzo por llegar a un acuerdo con el Kuomintang en nuevos términos? ¿Sin hacer un acuerdo con el ala izquierda? Pero éste sería el peor tipo de ruptura; una que se pintaría como traición. Nosotros no estamos empezando en China con una pizarra en blanco. Se han discutido todos los aspectos del problema de la relación entre los comunistas y el Kuomintang en China. El problema provocó conflictos, se resolvió, y produjo una estructuración específica. Ignorar lo que ha estado pasando antes es impermisible. El problema debe plantearse en términos de revisar la constitución del partido. Los comunistas deben directa y abiertamente proponer que se revise la estructura orgánica, por acuerdo mutuo, para asegurar la independencia plena de ambos partidos. En la ausencia de semejante formulación clara y precisa, la táctica de “salir de la clandestinidad” será incomprensible para los mismos comunistas; pero la realidad del asunto es que ellos deben entender adónde los llevará la táctica y tener una perspectiva para el futuro. Por supuesto, el retiro del Kuomintang es un proceso doloroso. Una enfermedad mal tratada siempre requiere un tratamiento más drástico. Es incorrecto tener miedo de que vamos a “ahuyentar a la pequeñoburguesía.” Habrá un número interminable de zigzags y vacilaciones por parte de la pequeñoburguesía. Es muy probable que nuestro retiro del Kuomintang dará lugar, al principio, a semejante zigzag. Pero la pequeñoburguesía sólo puede ganarse por una política concreta, no manteniendo disfraces, haciendo maniobras diplomáticas, etc. Para desarrollar una política que tenga el potencial para ganar a la pequeñoburguesía, es necesario tener el instrumento para esta política, es decir, un partido independiente.

 Es por eso que he llegado a las conclusiones siguientes:

1. Debemos reconocer que la permanencia del Partido Comunista en el Kuomintang por más tiempo amenaza tener consecuencias funestas para el proletariado y para la revolución; y sobre todo, amenaza al propio Partido Comunista chino con una degeneración total hacia el menchevismo.

2. Debemos reconocer que si ha de haber una dirección para el proletariado chino, una lucha sistemática para ganar influencia en los sindicatos, y finalmente, una dirección en la lucha del proletariado para influir en las masas campesinas, debe haber un partido totalmente independiente, es decir, un partido verdaderamente comunista (bolchevique).

3. La cuestión de las formas y métodos de coordinación de las actividades del Partido Comunista y el Kuomintang debe estar total y completamente subordinada a la exigencia de la independencia del partido.

4. Todos los elementos genuinamente revolucionarios del Partido Comunista chino deben presentar el programa de acción indicado arriba, exigiendo que su Comité Central levante ante el Kuomintang y las masas trabajadoras -en todo su alcance e inequívocamente- la cuestión de revisar las relaciones organizativas. Simultáneamente, los comunistas deben por todas partes “salir de la clandestinidad,” es decir, realmente empezar a trabajar como un partido independiente.

5. Debe prepararse un congreso del Partido Comunista chino bajo la consigna de la independencia organizativa del Partido Comunista chino y la independencia completa de su política de clase y en base a una lucha implacable de sus elementos bolcheviques contra los elementos mencheviques dentro del propio partido.



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