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Acerca de la política exterior de la burocracia stalinista[1]

 

 

12 de mayo de 1933

 

 

 

En el este, el gobierno soviético está dispuesto a vender los derechos que posee sobre el Ferrocarril Oriental de la China.[2] En el oeste está revalidando el viejo tratado germano-soviético, esta vez con la firma de Hitler.[3] En toda su política exterior, el gobierno de Stalin-Molotov se inclina ante el imperialismo y el fascismo.

El abandono del Ferrocarril Oriental de la China no significa simplemente que el estado obrero pierde una importante posición económica y estratégica; implica poner en manos del imperialismo japonés un arma importante, que éste utilizará mañana contra China y también contra la Unión Soviética.

El acuerdo con Stalin fortalece la posición de Hitler y no dejará de quebrantar la moral de los obre­ros alemanes. "Sí el poderoso estado obrero se ve obligado a buscar la amistad de la Alemania fascista, eso significa que la posición de los nazis es sólida." Esto es lo que pensará todo obrero alemán consciente. Mientras la burocracia de la Comintern afirma que la victoria de Hitler es un incidente pasajero y pone a la orden del día (en el papel) la huelga general y la insurrección, la burocracia soviética considera indis­pensable establecer relaciones "normales" con la dictadura fascista alemana. Las acciones de Litvinov-­Jinchuk caracterizan la posición de los stalinistas mucho más exactamente que la literatura barata de Manuilski-Kuusinen.[4]

Las maniobras más recientes de la burocracia soviética provocaron revuelo en los círculos revolu­cionarios europeos, no sólo en los grupos de oposición sino también en los partidos oficiales. La palabra "traición" aparece más precisamente si no en los artículos, al menos en conversaciones y en la corres­pondencia.

Esas reacciones no son difíciles de comprender desde el punto de vista psicológico; pero no podemos asociarnos políticamente a ellas. La cuestión de las relaciones entre el estado soviético y el imperialismo es esencialmente un problema de relación de fuerzas. Aplastada la revolución china en Oriente y la poderosa vanguardia obrera europea en Occidente, la relación de fuerzas viró bruscamente en detrimento del estado soviético. A ello debe agregarse la desastrosa política interna, el debilitamiento de los vínculos entre el pro­letariado y el campesinado, entre el partido y el prole­tariado, entre el aparato y el partido, entre el aparato y el dictador. Cada uno de estos factores obliga a los burócratas centristas a reprimir a la Oposición y retroceder ante Hitler y el Mikado.

La burocracia stalinista es plenamente responsable de esta política oportunista y aventurera. Pero las consecuencias de esta política ya no dependen de sus deseos. Es imposible retirarse voluntariamente ante una relación de fuerzas desfavorable. ¿Qué política puede esperarse del gobierno soviético hacia la Alema­nia fascista? ¿Ruptura de relaciones? ¿Boicot? Estas medidas no tendrían sentido sino como preludio a la acción militar. Hace dos años planteamos esta perspec­tiva, no aislada sino directamente ligada a un cambio radical en la política para la URSS y para Alemania., es decir, contando con el fortalecimiento del estado obrero y del proletariado alemán.[5] El curso de los acon­tecimientos siguió el camino opuesto. Aplastados los obreros alemanes, debilitado el estado obrero, una polí­tica de guerra revolucionaria hoy sería aventurerismo puro.

Sin esa política, es decir, sin la preparación directa de la guerra revolucionaria y la insurrección en Alema­nia, la ruptura de relaciones diplomáticas y el boicot económico serían gestos impotentes y lastimosos. Es cierto que la falta de pedidos rusos incrementaría el número de desocupados alemanes. Pero, ¿acaso no hubo suficiente cantidad de desocupados para una situación revolucionaria? Lo que faltó fue un partido revolucionario y una política acertada. Esa carencia persiste hoy, duplicada. No podemos evitar el conside­rar quién se beneficiaría en Alemania con las represa­lias económicas, los fascistas o el proletariado. Es claro que el problema coyuntural no se soluciona con pedidos soviéticos. Por otra parte, la ruptura de víncu­los económicos con Alemania sería un golpe duro para la economía soviética y, por consiguiente, un golpe todavía más duro para el estado obrero.

Repetimos. La fracción stalinista es directa e inme­diatamente responsable del derrumbe de la revolución china, de la destrucción del proletariado alemán y del debilitamiento del estado obrero. La lucha contra la misma debe realizarse según estos lineamientos fundamentales. Es necesario librar al movimiento obrero mundial de la lepra del stalinismo, luchando contra la raíz del mal, no contra los síntomas de sus consecuencias inevitables.

Como marxistas, nos mantenemos en el terreno del realismo revolucionario en lucha contra el centrismo burocrático. Si la Oposición de izquierda estuviera en este momento a la cabeza del estado soviético, sus medidas prácticas inmediatas tendrían que partir de la relación de fuerzas legada por diez años de polí­tica stalinista de los epígonos. Se vería obligada a mantener relaciones diplomáticas y económicas con la Alemania de Hitler. Al mismo tiempo, prepararía el contraataque. Es una gran tarea que requiere tiempo, una tarea que no puede realizarse con gestos especta­culares sino con un cambio radical de rumbo en todos los terrenos.



[1] Acerca de la política exterior de la burocracia stalinista. The Militant. 10 de junio de 1933. Publicado por primera vez, sin firma, en Biulleten Opozitsi, Nº 35, julio de 1933. En el momento en que Hitler llegó al poder, Alemania y la Unión Soviética se encontraban comprometidas por pactos de no agresión recíproca firmados en la década del 20, y ambos gobiernos debían resolver el problema de ratificarlos o anularlos. Los dos, cada uno por sus propios motivos, resolvieron ratificarlos. Cuando ciertos elementos ultraizquierdistas fustigaron a la dirección soviética por ese hecho, Trotsky puso especial empeño en diferenciar a la Oposición de Izquierda de los mismos. Reiteró que había que oponerse a la política tanto interna como exte­rior del stalinismo, pero señaló que, dadas las circunstancias desfavorables imperantes, cualquier gobierno soviético, aunque lo dirigiera la Oposición de Izquierda, tenía el derecho y el deber de efectuar maniobras diplomáticas e inclusive de mantener relaciones con la Alemania hitlerista.

[2] El Ferrocarril Oriental de la China: tramo de la ruta original del Ferrocarril Transiberiano que atravesaba Manchuria para llegar a Vladivostok. En 1929 Trotsky criticó duramente a los dirigentes de la Oposición de Izquierda que sostenían que, puesto que el Ferrocarril Oriental Chino había sido una empresa del imperialismo zarista, el estado obrero debía entregarlo al gobier­no capitalista chino (ver Escritos 1929). En 1932 el imperialismo japonés. por intermedio del gobierno títere de Manchukuo, consolidó su control de toda Manchuria menos el Ferrocarril Oriental Chino. Stalin lo vendió a Manchukuo en 1935 para tratar de impedir un ataque del imperialismo japonés a la URSS. Los soviets recuperaron el ferrocarril durante la Segunda Guerra Mundial. Aunque el PC Chino se adueñó del poder en toda China continental en 1949, Stalin no cedió el ferrocarril al gobierno de Mao Tse-tung hasta 1952.

[3] El 12 de mayo de 1933 el gobierno de Hitler ratificó la extensión del tratado de no agresión ruso-gerrnano, firmado en abril de 1926 y extendido por primera vez en la primavera de 1931.

[4] Otto Kuusinen (1891-1964): socialdemócrata finlandés que huyó a la URSS tras la derrota de la revolución finlandesa de abril de 1918. Fue vocero del estalinismo y secretario de la Comintern desde 1922 a 1931.

[5] Referencia a las tesis de Trotsky tituladas Alemania, clave de la situación internacional, 21 de noviembre de 1931, parágrafos 16-19, donde dice: "Debe ser un axioma para todo obrero revolucionario que el intento de los fascistas de tomar e] poder en Alemania ha de provocar la movilización del Ejército Rojo. Para el estado obrero será una cuestión de autodefensa revolucionaria en el sentido más directo e inmediato." Las tesis aparecen en La lucha contra el fascismo en Alemania, junto con dos artículos breves escritos después del triunfo de Hitler (Alemania y la URSS, 17 de marzo de 1933 y Hitler y el Ejército Rojo, 21 de marzo de 1933), donde explica por qué sería un acto de aventurerismo llamar a la movilización del Ejército Rojo en las condiciones impe­rantes en el momento. Véase también Preveo la guerra con Alemania, abril de 1932, donde Trotsky afirma que estaría a favor de la movilización militar soviética apenas los nazis tomaran el poder en Alemania.



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