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A 20 años de Malvinas

 

Manolo Romano, La Verdad Obrera N° 99, 2 de abril de 2002

 

No podía ser más elocuente la coincidencia del desembarco de una nueva misión del FMI justo a 20 años de la guerra de Las Malvinas. Los técnicos-gurkas de los organismos internacionales de crédito se mueven con total desparpajo en las decisiones de la política nacional. Además de imponer la libre flotación del dólar que licúa los salarios y exigir más ajustes fiscales en las provincias, mandaron bochar la ley de quiebras para evitar la más mínima traba a los acreedores para que puedan quedarse con las empresas devaluadas; anular la ley de subversión económica para que nadie ponga en peligro la "seguridad jurídica" de banqueros fugadores de dólares, e incluso piden modificar el Presupuesto nacional, llamada "ley de leyes".

Todas decisiones, como se ve, muy "soberanas" votadas por el "honorable Congreso de la Nación". Por todo eso la misión del FMI vino, además, también a recordar que aquella derrota nacional que sufrió Argentina a manos de Inglaterra y EE.UU en el año 82, signó la relación del país con los centros de poder imperialistas en las últimas dos décadas, ante los cuales se arrodillaron y se arrodillan como nunca antes los "históricos partidos nacionales", la UCR y el PJ.

 

 

Del imperio no se habla.

Todos los políticos y periodistas del viejo régimen recordaron las«lágrimas y la sangre» derramadas por el pueblo argentino durante la guerra pero, curiosa guerra, todos se ciudaron de ocultar contra quién se libró. En el homenaje oficial en Ushuaia, Duhalde amagó con un "Vamos a recuperar las Islas Malvinas volviendo a poner de pie al país" para luego aclarar para el atento oído de los amos que "la Argentina será reinsertada en la economía mundial cumpliendo con nuestros compromisos y exigiendo el cumplimiento de los compromisos y pactos". Para contradecirlo y despertar la verdadera "conciencia nacional", en la misma noche de este 2 de abril la petrolera-pirata Shell (cuyos bienes no fueron confiscados en plena guerra, lo que hubiera constituído un acto mínimo de defensa nacional) acaba de anunciar, mal agradecida, un nuevo aumento en el precio de los combustibles. Sin duda la fecha también intentó ser aprovechada para recrear cierto clima de "unidad nacional" entre explotados y explotadores, algo que claramente se rompió en el país desde las jornadas del 19 y 20 de diciembre. "La causa de Malvinas une a ricos y pobres, derecha e izquierda" dijo el inefable Hadad para, de paso, promover la reconciliación con las fuerzas armadas asesinas.

 No fue así durante la guerra: del primer fervor nacional del 2 de abril de 1982 cuando Galtieri se animó a salir al balcón frente a una multitud en Plaza de Mayo, los trabajadores y el pueblo pasaron luego a retomar el enfrentamiento abierto a la dictadura ante la rendición del 14 de junio al grito de "los pibes (pobres) murieron los jefes, (ricos) los vendieron". Desde el oligárgico diario La Nación, el periodista Morales Solá utiliza un argumento trillado pero más sutil: "Galtieri llevó el país a una guerra con el oscuro fin de perpetuar un régimen agotado". Cierto, pero solo en parte. Bajo el mismo disfraz democrático, la colonialista Margaret Thatcher intentó ocultar a los trabajadores británicos y a los pueblos del mundo que, en realidad, lanzaba sus tropas para dar un escarmiento a todo aquel que desafiara el dominio imperial. El triunfo anglo-yanky le permitió a los jefes imperialistas consolidar la ofensiva neoliberal en los 80, conocida como reaganismo-tatcherismo, que empezó arrasando con viejas conquistas de las propias clases obreras de Inglaterra y EE.UU. Y en la Argentina, la democracia que sucedió a la debacle de la odiada dictadura militar fue más que nunca una democracia vasalla, semicolonial, sujeta por dobles cadenas a los designios imperiales. A su manera, la dupla Thatcher y Galtieri parió a Alfonsín y a Menem, a los barcos enviados al Golfo para colaborar con la masacre del pueblo de Irak en el 91, a la entrega de las privatizaciones, a Cavallo, a De la Rúa, a Duhalde y a la deuda externa que agobia a la nación obrera y popular.

La insoportable inconsistencia de la centroizquierda

Contra cierto nacionalismo de opereta que habla de la "heroica gesta de Malvinas" poniendo un signo igual entre la justa causa antimperialista y la desastroza y conciliadora junta militar que la dirigió, la centroizquierda argentina soluciona el problema bajo el lema de la "aventura irresponsable". No está en duda el carácter aventurero de la junta militar, y del beodo general Galtieri o el asesino Menéndez en particular. La guerra, la continuación de la política por otros medios, no podía ser dirigida hasta derrotar al imperialismo por una clase abiertamente antinacional: la burguesía argentina tiene los militares que se merece. Pero una vez planteado el enfrentamiento militar entre la nación oprimida y el imperialismo, y desatada la impresionante movilización popular de esos días y las muestras de apoyo masivo a los soldados, incluso por los pueblos latinoaméricanos, se trataba de superar, en el desarrollo mismo de la guerra, a la infame dictadura de Galtieri. Sólo movilizando a los trabajadores y el pueblo con un programa independiente que empezara por plantear la confiscación de todos los bienes y empresas imperialistas en el país y las sometiera al control obrero, la guerra podía ser un punto de apoyo para que la nación se saque de encima la opresión y explotación del capitalismo imperialista. Pero el pensamiento de la centroizquierda argentina es hijo directo del escepticismo creado a partir de aquella derrota. La conciencia nacional estuvo marcada por muchos años por la idea de que el imperialismo es indestructible. El enorme apoyo que tuvo la "causa nacional" de los trabajadores de Aerolíneas Argentinas y en especial las jornadas de diciembre, las demandas que empiezan a plantearse en las asambleas contra las privatizadas; todo ello habla de que empieza a revertirse aquella derrota en la conciencia de millones. Quizá por esto también este 2 de abril fue distinto para los trabajadores y el pueblo.



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